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5.4.12

Cine, creatividad y #CreativeCommons, prosumidores


EnRedad@s!

Compartimos el siguiente post visto en el blog de Yorokobu, titulado "Aquí sí se puede copiar" escrito por David García.

Explica un poco de que se trata el BccN, el Barcelona Creative Commons Film Festival, festival de cine donde se promueve la cultura de las licencias creative commons, su relación con la creatividad y formas de financiamiento.

Aquí unos extractos:

"Mezclar la creatividad con trajes, corbatas y leyes es algo como un análisis de sangre: necesario para quien teme por su salud, pero incómodo, al fin y al cabo. Las películas dependían de una gran inversión que solo estaba al alcance de grandes estudios que querían asegurarse el control de cada movimiento de esa inversión. El mundo es otro. Los creadores ya no dependen exclusivamente de un inversor de despacho que envía cada trabajo a recorrer un camino trazado hace décadas.

La nueva realidad hizo necesario un marco de licencias más flexible que el metálico corsé del copyright. Nacieron las licencias Creative Commons y, con ellas, se redibujó el panorama creativo. A partir de ese momento, los creadores podrían disponer de sus obras de una manera más íntegra, eliminado a intermediarios innecesarios en el proceso...

Una producción bajo licencia Creative Commons puede ser de tan alta calidad como cualquier otro tipo de obra..... Nosotros nos encargamos de facilitar el material gráfico, las películas o lo que sea a ‘las copias’ del festival. Ellos deciden si los cambian o lo adaptan en función de la fecha, lugar o público"


Saludos!

14.12.11

¿Todo cerrado? ¿Seguro? #CC

Visto en el blog de Yorokobu

¿Y si la solución fuera abrir? (en vez de cerrar)



Imagina que el instituto tecnológico, en el que llevas investigando años cómo desarrollar una placa electrónica fácil de utilizar por tus alumnos y todos los no iniciados en la electrónica, está amenazado de cierre.

Massimo Banzi, cofundador de Arduino, y su equipo decidieron publicar el diseño de su placa en abierto con una licencia CC (creative commons) que obliga a dar crédito a los inventores y a compartir las nuevas versiones de Arduino (BY SA). Aunque cualquiera puede manufacturar una placa idéntica, mucha gente escoge la ‘made in Italy’ a pesar de ser más cara. El equipo se ha convertido en la referencia en el diseño de hardware abierto y presta servicios de consultoría.

Imagina ahora que heredas una mina de oro en Canadá. Te gastas una fortuna en contratar a los mejores geólogos; consigues tener unos mapas geológicos muy completos, pero no descubres una pepita de oro.
Rob McEwn, propietario de Goldcorp, lanzó en marzo de 2000 el Goldcorp Challenge; publicó todos los mapas de los que disponía en abierto y ofreció 575.000 dólares a quien le ayudara a encontrar el oro. Los concursantes identificaron más de 110 áreas en el terreno, el 80% rentables para su extración. Se encontraron 8 millones de onzas de oro. Mc Ewen calcula que la colaboración en abierto le ha ahorrado entre 2 y 3 años de estudios de exploración.

Última, de momento. Imagina que eres una gran compañía como Oracle o Dell y estás desarrollando el prometedor negocio de la gestión de grandes masas de datos. Entonces aparece Hadoop.

Hadoop es un software de código abierto gestionado por la Apache Foundation que ofrece dos servicios, alojamiento de datos y su procesamiento, utilizando una técnica llamada MapReduce. Oracle, Dell, NetApp y EMC ya la están adoptando, acelerando así su difusión y contribuyendo a que el proyecto evolucione de forma sostenible y abierta. Te sumas.

Es el poder de lo abierto.

Aquello de lo que cualquiera puede disponer sin pedir perdón ni permiso. Empieza a haber demasiadas ocasiones en las que abrir, compartir, poner a disposición resulta más rentable que mantenerse cerrado.
Cuando lo abierto consigue congregar el interés y la participación de un número suficiente de agentes que lo explotan en su beneficio, a la vez que contribuyen a su desarrollo común, deviene imparable.

Los sistemas abiertos exploran simultáneamente todas la oportunidades disponibles para cualquiera de los agentes que participan y, a la vez, desarrollan su propia oferta integrando las innovaciones realizadas en cualquier punto del sistema. Las estrategias secuenciales, primero esto y después lo otro, sufren.

La cooperación entre agentes interdependientes que comparten un bien común arrastra, con cada vez más frecuencia, el centro de gravedad de industrias que parecían reservadas exclusivamente a los grandes actores. El software, el hardware, la educación, la ciencia, la innovación, el gobierno, hasta la producción de vehículos comerciales, se han visto ya afectados por lo abierto.

Parece que a la hora de crear (o salvar) un negocio hay que hacerse una pregunta nueva: ¿Todo cerrado? ¿Seguro?
Javi Creus, fundador de Ideas for Change
Foto: Opensourceway reproducido bajo licencia CC

29.11.11

Las clases gratuitas de Stanford arrasan

Las clases gratuitas de Stanford arrasan:

Open or closed, abierto o cerrado. Esa es la cuestión que preocupa a muchas empresas e instituciones en el mundo. Algunos grupos ofrecen su música gratis en la red para que acuda más gente a sus conciertos. Otras compañías juegan con el modelo freemium, que mezcla servicios gratuitos con otros de pago. ¿Qué pasa entonces cuando una de las universidades más prestigiosas del mundo decide ofrecer sus cursos más solicitados en internet?
Según el caso reciente de la universidad de Stanford, los resultados pueden ser extraordinarios. El centro educativo californiano lleva desde agosto impartiendo tres de sus cursos de informática de forma gratuita, según Good.
Desde el comienzo del experimento, más de 3 millones de usuarios han visitado la home del curso, Introduction to Artificial Intelligence, que se imparte por Peter Norvig (director de investigación en Google) y Sebastian Thrun. Las primeras clases han sido seguidas por 160.000 estudiantes.
De ese número, 35.000 personas han realizado los exámenes junto con los 175 estudiantes que pagan para estar en la clase. Para poner ese número en perspectiva, Stanford inscribió un total de 15.666 estudiantes en el curso 2010-11.
Ambos profesores han adaptado las clases a internet con una serie de cápsulas explicativas que se pueden encontrar en YouTube y la web de la iniciativa.
El éxito del experimento ha llevado a la universidad a ofrecer otras 7 materias en internet a partir de enero que incluirá algunas clases sobre el emprendimiento.
En la era de TED, la academia Khan y el modelo abierto de MIT, que lleva más de una década en funcionamiento, la iniciativa no debería sorprender demasiado, pero existen algunas diferencias con sus predecesores. Norvig y Thrun adaptan sus clases al medio digital y las hacen mucho más participativas. Ambos están a disposición de los estudiantes externos un par de horas a la semana para interactuar y responder a sus preguntas.
Sobre las razones por la iniciativa, los profesores que participan en ella lo tienen claro. “Al abrir la educación, damos más oportunidades de trabajo y conocimiento a cualquiera que lo quiera”, explicó Jennifer Widom, responsable del departamento de informática en un artículo de Stanford.
Tampoco hay que olvidar el enorme valor publicitario que ofrece para la universidad, en un mercado cada vez más competitivo. Quién dice que una de las personas que aprendió informática de esta forma no mandará a sus hijos en el futuro a Stanford. O que un día llegue a donar dinero gracias al valor que le ha aportado estos cursos.
Por supuesto hay una cosa que los internautas no reciben a diferencia de los estudiantes que sí han pagado: La titulación, pero si un certificado verificado por la universidad.
El ejemplo de Stanford vuelve a poner sobre la mesa el debate entre abierto y cerrado en la educación. La búsqueda por encontrar el equilibrio entre ambas acaba de empezar.
Foto: opensourceway lic. CC
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