¿Qué hace un equipo cuando nadie tiene la respuesta correcta? Es la pregunta de fondo detrás de muchos equipos que no toman decisiones: no les falta inteligencia ni compromiso, les falta un marco para decidir cuando la certeza no está disponible.
Esa es la pregunta que abrimos en un nuevo episodio de Radio tejeRedes Play, en conversación con Marisol Menéndez y María G. Picatoste, integrantes de WITH, sobre cómo navegar la complejidad y la incertidumbre cuando nadie conoce de antemano la respuesta.
La conversación estuvo atravesada por una idea central:En un mundo complicado buscamos personas expertas. En un mundo complejo construimos relaciones.
Los desafíos complejos cambian mientras intentamos comprenderlos. Involucran múltiples actores, conocimientos incompletos, intereses diferentes y consecuencias difíciles de anticipar. Por eso, no siempre pueden resolverse desde una sola disciplina, una única organización o una persona que dirige desde arriba.
Marisol distinguió entre caos, incertidumbre y complejidad. El caos aparece cuando no logramos reconocer el patrón que organiza una situación. La incertidumbre surge cuando no podemos anticipar el resultado de una acción. La complejidad, en cambio, se relaciona con la cantidad de elementos interdependientes que necesitamos comprender y desenredar progresivamente.
No distinguir estas situaciones puede llevarnos a aplicar más control cuando necesitamos explorar, más velocidad cuando necesitamos observar o más procedimientos cuando necesitamos escuchar.
Reconocer que no sabemos también es una capacidad
Uno de los principales obstáculos para decidir en la complejidad es la creencia de que una persona competente debería tener respuestas. Esta expectativa pesa especialmente sobre quienes ocupan posiciones de liderazgo.
Decir "no sé", pedir ayuda o reconocer que un desafío excede nuestra experiencia puede sentirse como una señal de debilidad. Sin embargo, en entornos complejos, asumir el límite del propio conocimiento es el comienzo de una inteligencia más amplia.
El "yo sé que no sé" no supone renunciar a la responsabilidad. Significa abandonar la ficción de la autosuficiencia para abrirnos a otras perspectivas, experiencias y saberes.
De la planificación cerrada a la experimentación
Cuando no podemos anticipar todas las variables, tomar decisiones se parece menos a seguir una ruta perfectamente trazada y más a navegar.
Esto exige avanzar mediante ciclos breves: observar, decidir, probar, recoger información, aprender y ajustar. La decisión deja de ser una apuesta definitiva y se convierte en una hipótesis que entra en contacto con la realidad.
Experimentar no significa improvisar sin criterio. Requiere propósito, límites, responsabilidad y capacidad de aprendizaje. La pregunta ya no es únicamente cuál es la solución correcta, sino cuál es el siguiente paso que podemos dar para comprender mejor el sistema sin ponerlo todo en riesgo.
Del egosistema al ecosistema
En este contexto, la colaboración deja de ser un valor deseable y se convierte en una necesidad estratégica.
Un ecosistema se construye cuando personas y organizaciones diferentes conservan su singularidad, pero juntas generan más valor del que podrían producir por separado. Para ello no basta con reunir muchas voces: necesitamos diversidad real, confianza y capacidad para pasar de la conversación a la acción.
Cuando un equipo no logra tomar decisiones y queda atrapado en las mismas discusiones, quizá no necesite seguir conversando entre las mismas personas, sino incorporar oxígeno: una experiencia distinta, otro conocimiento o una mirada capaz de cambiar la pregunta.
Liderar sin tener todas las respuestas
El liderazgo que necesita la complejidad no es el del héroe solitario que decide y resuelve todo. Se parece más a una labor de orquestación: conectar capacidades, distribuir información y responsabilidades, crear condiciones para experimentar y establecer límites claros.
Distribuir liderazgo no significa diluir la responsabilidad ni convertir cada decisión en un consenso infinito. Significa combinar jerarquía y redarquía según el tipo de decisión, el conocimiento disponible y sus posibles consecuencias.
Tal vez no estemos esperando claridad porque seamos incapaces de decidir. Quizá estamos esperando una certeza que el mundo complejo ya no puede ofrecernos.
La pregunta, entonces, no es solamente quién tiene la respuesta, sino:
¿Qué relaciones necesitamos construir para poder observar, experimentar y decidir mejor en conjunto?
Artículo elaborado a partir de la conversación de Radio tejeRedes Play con Marisol Menéndez y María G. Picatoste. Si esta reflexión te resuena, podés seguir explorando la Huella Colaborativa en play.tejeredes.net.
✅ Esta publicación fue revisada con ayuda de inteligencia artificial para mejorar la redacción y facilitar su comprensión. Sin embargo, no reemplaza las ideas ni lo que deseamos expresar
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