14.12.12

Relatoría y Nota Taller y Seminario Internacional Ciudadania y Cultura en Red #Quito @TeatroSucreQ

Aquí les dejamos algunas la relatoría y una nota sobre los talleres y seminarios en los cuales participamos en Quito:


1. Relatoría y conclusiones del taller seminario  CULTURA Y CIUDADANÍA EN RED por Fernando Vicario.  

En la ciudad de Quito y en el marco del Teatro Nacional Sucre, cabeza de la Fundación 
que lleva su nombre y que alberga el Teatro Nacional Sucre, Teatro Variedades Ernesto
Albán, Teatro México, Centro Cultural Mamacuchara y la Plaza del Teatro.  Se celebró los pasados días 27,28,29 y 30 noviembre del año 2012, un seminario taller sobre la metodología para la construcción de redes que fue cerrado con una sesión en la que se revisaron los principales conceptos que hoy día estructuran este  mundo que parece destinado a presidir las acciones de la sociedad civil del siglo XXI.  
En el taller en que participaron más de 20 personas procedentes de diferentes colectivos y espacios culturales de América latina, quedó de manifiesto que una red no puede funcionar si no focaliza todas sus acciones en el ser humano como principal eje vertebrador. Las redes que sitúan este centro en la tecnología o en el objetivo laboral y profesional propuesto suelen terminar por no desarrollar un trabajo coherente y propositivo, encerrándose en el exceso de protagonismo de factores externos a lo que de verdad importa que es la capacidad de trabajo conjunto de un grupo de personas interesadas en alcanzar un fin compartido. .  
Es importante destacar que una de las razones prioritarias por las que hacemos una red o colaboramos en ella es que trabajamos mejor y nos sentimos más útiles si lo hacemos en cooperación con otras personas que compartan nuestra finalidad y propósitos. Las redes entonces cumplen una primera misión que es la de humanizarnos, es decir devolvernos ese sentido social en que nos desarrollamos y crecemos de forma conjunta.  
Las redes fortalecen el sentimiento de ciudadanía colaborativa. Utilizan diversas tecnologías que facilitan su actuación, pero sobre todo se nutren del sentimiento social de la necesidad de comunicar e interactuar.  
Una cultura es una red de coordinaciones de emociones y acciones (…) en el lenguaje que configura un modo particular de entrelazamiento del actuar y el emocionar de las personas que la viven. Yo llamo conversar, aprovechando la etimología latina de esta palabra que significa dar vueltas juntos, al entrelazamiento del lenguajear y el emocionar que ocurre en el vivir humano en el lenguaje. Más aún, mantengo que todo quehacer humano ocurre en el conversar, y que todas las actitudes humanas se dan como distintos sistemas de conversaciones#.(Humberto Maturana)  
Hoy los espacios de las redes deambulan entre lo presencial y lo virtual, gracias a la fuerte irrupción de las nuevas tecnologías. A muchas de ellas se les ha incorporado una visión tecnologizada que a veces contribuye a que se pierda de vista que la tecnología no es un fin en si mismo, sino una herramienta que debe estar al servicio de los objetivos de la red. 
Para que esto  suceda es imprescindible tener claro el propósito de la red, la intencionalidad de la misma. Cuanto más claro este el dibujo de esta intencionalidad, más fácil será trazar las líneas de actuación. Una red debe tener líneas de acción. Marcar estos hitos a lo largo del camino para poder comprobar que los propósitos van alcanzándose como las metas de los proyectos que estamos acostumbrados a abordar.  
Las redes por si mismas no se pueden transformar en comunidades, es imprescindible no mezclar conceptos, porque estas confusiones llevan a propósitos equivocados.  
Comunidad es una de esas palabras que producen una buena sensación: está bien “tener una comunidad”, “estar en comunidad”. La “comunidad” representa el tipo de mundo que anhelamos habitar pero al que, por desgracia, no podemos acceder. Hoy, “comunidad” es sinónimo de paraíso perdido, aunque un paraíso que todavía esperamos encontrar en nuestra búsqueda febril de los caminos que nos pueden llevar a él. Pero el privilegio de estar en comunidad tiene un precio. La comunidad nos promete seguridad pero parece privarnos de la libertad, del derecho a ser nosotros mismos. La seguridad y la libertad son dos valores igualmente preciosos y codiciados que pueden equilibrarse hasta cierto punto, pero que difícilmente se reconciliarán jamás de forma plena. Es improbable que se resuelva nunca la tensión entre la seguridad y la libertad, y entre la comunidad y la individualidad#  (Zygmunt Bauman) 
La comunidad es un proceso mucho más complejo en el que entran en juego factores que no necesariamente tienen porque hacerlo a la hora de diseñar una red. La red nos vincula por otro tipo de razones diferentes de  aquellas que precisamos cuando queremos sentirnos en comunidad.  
Las redes hoy pueden dividirse en dos grandes grupos,  aquellas que nacen con el objetivo de que sus miembros puedan estar interconectados y conocer sobre sus gustos, aficiones, filias y fobias, además de todo tipo de actividades, y aquellas que nacen con el propósito de conseguir que sus miembros unan esfuerzos por una tarea conjunta y para la cual diseñan acciones que realizan entre todos de una manera coordinada. A las primeras las conocemos como redes sociales y la tecnología las ha convertido en protagónicas en la vida de muchas personas. A las segundas les vamos a dedicar el resto de esta relatoría.  
En el taller y en el seminario desplegamos una mirada esencialmente cultural, sabiendo que el concepto que usábamos de cultura trascendía en mucho a una concepción meramente artística o al proceso de políticas culturales desplegado por la gran mayoría de  los ministerios del ramo, concepto excesivamente atado a estructuras de siglos anteriores. 


Se crean nuevas periferias administradas y gestionadas de maneras disimiles. En sus espacios surgen nuevas expresiones que no tienen nada que ver con lo que se produce en los viejos epicentros. La dificultad en formar nuevas ciudadanías viene de este modo divergente de construir ciudades. Es cuestionable y contradictorio educar sobre cierto tipo de ciudadanía, cuando partimos de la premisa de que la ciudad es el asiento de la heterogeneidad. Por ello el manejo del disenso y la capacidad de escuchar ha de presidir las actuaciones de los nuevos gestores culturales. En consonancia con la capacidad de hacer esfuerzos por parte de todos los sectores municipales para evitar el rezago de los barrios marginales#. (Cultura y Ciudadanía 1) 
El taller se construía a partir de una mirada sobre la dificultad de elaborar una ciudadanía activa culturalmente, que buscará la integración social de todos los miembros del espacio urbano y el uso de los nuevos lenguajes de las diferentes “tribus” que componen su complejo mundo de interacciones. En cada una de estas “tribus” hay proyectos, sueños, ilusiones, modos de ver, maneras de habitar la ciudad, el taller nos enseñó a utilizar el “enredometro”. Esta sencilla herramienta ayuda a comprender que cosas hay en común en los diferentes proyectos de cada colectivo y sienta unas mínimas bases para elaborar  procesos conjuntos. Abrir espacios y entender que el poder consiste en saber articular para obtener el bien común y colectivo por encima del bien individual o la imagen personal.  
La ciudadanía va adquiriendo mayor conciencia de su poder, las revueltas del mundo árabe,  132 en México, Estudiantes de Chile, Indignados de Wall  Street, movimiento 15M de España, etc,  son algunas muestras de ello. Este poder de la ciudadanía se relaciona directamente con los afectos, los compromisos colectivos y el bien común. Una fuerza que se articula en redes que trabajan con conceptos nuevos que implican al ser humano en su totalidad.  
En este contexto, CLEHES representa la idea de un ser humano como un sistema, como unidad dinámica compuesta por seis elementos interactivos y entrecruzados (Cuerpo, lenguaje, las emociones, Historia, Eros, el silencio) que configuran la identidad, micro-identidades y múltiples identidades. CLEHES tiene el carácter de tecnología por su capacidad de traer al cuerpo distinciones que posibilitan la Enacción y aprendizaje del observador y es ontológica porque observa y distingue el modo de ser del ser humano y de sus interacciones desde sus 6 dimensiones constitutivas y entrelazadas#. (Osvaldo Garcia) 
Las principales transformaciones que se están produciendo y que han sido tratadas de muy diversas formas en este taller-seminario las podríamos enumerar de la siguiente forma: 
Estamos aprovechando cómo sociedad las nuevas plataformas
Lo que nos lleva a veces a un abuso de las mismas, pero esencialmente esto ha venido pasando en la historia de la humanidad con cada uno de sus nuevos avances, la búsqueda ha de estar en generar un mejor uso de las mismas, y para ello devolver la mirada a la esencia de la ciudadanía, la cultura y la articulación en  redes es absolutamente imprescindible.  
Discriminación tecnológica
Este abuso de las nuevas tecnologías está generando un nuevo modelo de rezagados  tecnológicos, que deben ser incorporados a partir de una decisión política en la que quede clara la defensa de la neutralidad sobre el acceso a los instrumentos que permitan equidad  e integración. Si la banda ancha es cara, como sucede en la actualidad, la marginalidad irá creciendo, con los riesgos que una exclusión  virtual acarrea para la sociedad que la genera.  
Modos de distribución de la información.
La información en la actualidad es más  ruidosa que eficaz y coherente. Un exceso de información como el que tenemos hoy día consigue aturdir, impide discernir  e impone modelos de obsolescencia comunicativa. Por ello se hace necesario que las redes y la ciudadanía tengan un mayor control sobre los modelos de información que precisan utilizar.  
Cambios geopolíticos.
Los cambios en la actualidad son más geoculturales que geopolíticos, aunque sin duda los primeros repercuten en los segundos. Los “fijos” que componen los mapas del siglo XXI, están siendo modificados sustantivamente por los “flujos” y sus variaciones permanentes.  
Búsqueda de la energía de las redes (¿dónde está?)
Sin dudar un segundo los asistentes al seminario han coincidido en señalar que la energía de las redes está en las personas que las articulan y generan, en su necesidad de estar juntos, en la vieja búsqueda del grupo para mejorar el resultado de la caza. Esta búsqueda ha dado un giro inesperado en los últimos diez años, cuando todos pensábamos que era el dinero el motor de la misma nos vamos dando cuenta de que es el bienestar colectivo el que facilita las normas de un “buen vivir”  
Espacio de las redes.
El espacio que ocuparon las redes, que han existido desde siempre, se va tornando en un espacio digital, en confrontación con el espacio analógico en que se habían desarrollado en siglos anteriores. Redes centralizadas, jerarquizadas y elaboradas para la mayor gloria de unos pocos, hoy día se descentralizan, desjerarquizan, y sobre todo se colectivizan, tanto en el reparto de las responsabilidades como en el de los beneficios de las mismas.  
Este seminario taller ha sentado las bases para la elaboración de una ciudadanía cultural,  
El individuo para ser realmente un ciudadano finisecular y de principios del Siglo XXI, no basta que tenga y practique los derechos civiles declarados y reconocidos por el ordenamiento constitucional, jurídico y normativo de su país. Es necesario que tenga derecho y acceso a los bienes culturales tanto materiales como simbólicos. Es decir, que pueda inscribirse en la estructura política (elegir y ser elegido por ejemplo), económica (trabajar, tener propiedades y pagar impuestos, etc.) y social (recibir algunos beneficios sociales) de su territorio; pero también puede y debe participar activamente en y de la vida cultural de su ciudad: ejercer las libertades de creación y expresión, participar de los circuitos de la oferta y el consumo cultural, intervenir en la industria cultural, establecer cualquier relación con los mass-media; ocupar, usar, interactuar en y con los espacios públicos, recreativos y culturales de su medio# (Néstor García Canclini)  
El seminario, como sujeto vivo y en transformación ha aprendido y ha enseñado modelos de coparticipación, de puesta en marcha colectiva a partir del respeto individual. Ha dejado las puertas abiertas para que tras la lectura de este documento quien quiera pueda seguir aportando, construyendo una red capaz de articularse en acciones para que esta ciudadanía cultural sea cada vez más amplia y generosa. 
Aquí se encuentra la relatoría 2011



Las redes no las inventaron ni Facebook, ni Twitter, mucho menos Internet. Mucho es así que el propio Castells identifica que una verdadera sociedad red en el ámbito informacional nace del contacto físico, analógico y se potencia con la informática. 
Si no establecemos redes en vivo y en directo, mediante una cara a cara, no lograremos tejer nada como sociedad: solo serán retazos de un gran y deshilachado manto. Ese fue el reto que el Teatro Sucre planteó a quienes acudimos a un taller para tejer redes. Desde lo más diverso de los ámbitos profesionales, en el escenario del teatro, un carismático guía nos integró, nos sacó de nuestros ejes formales y nos retó a integrar proyectos. 
Con esta metodología de tejer redes, como la denomina Crisitián y su colectivo de ‘Tejeredes’, se difuminaron las fronteras del “yo soy productor”, “yo soy gestor”, “yo soy docente” y demás rótulos que nos ponemos cuando conocemos a profesionales y entusiastas. Luego de este pequeño taller muy práctico, integrador y dislocador, fuimos nodos de una gran red de proyectos, diferentes y complementarios; fuimos colaboradores. 
Esas son las verdaderas redes, por ello la cibercultura recupera esta noción básica de integrar al ser humano y ponerlo como eje del desarrollo, muy al contrario de quienes piensan que en el mundo digital se piensa solo en mejorar un programa o una aplicación; no. El mundo digital usa la red que se ha establecido para construir nuevas posibilidades de mejorar la vida del ser humano. 
Eso hicimos en estos días, usamos tecnología: desde la más básica y rudimentaria hasta la más sofisticada, con la finalidad de conectar nuestros cerebros y pensar colectivamente, de manera colaborativa, para darnos cuenta de que nadie es dueño de la verdad y que todos aportamos, no con un grano de arena, sino con perspectivas para comprender mejor los procesos y generar productos y aplicaciones para beneficiar al ser humano.
Las redes se estructuraron para las artes y la cultura estética, donde muchos egos impiden ser colaborativos, pero que con esta metodología de tejer redes, los egos se complementaron. pescandon@lahora.com.ec

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