10.8.17

La importancia del espacio (físico) dentro de la cultura colaborativa

espacio cultura colaborativa tejeredes

Revisa qué cambios o consejos seguir para tener un espacio que facilite el trabajo en equipo.


Muchas veces pensamos y pasamos largas horas revisando cómo organizar mejor a nuestros equipos para potenciar modelos de gestión colaborativos. Utilizamos muchas horas planificando espacios de diálogo y formación, pero luego cada quien vuelve a su oficina, cierra la puerta y vuelve a sus tareas.

Estas situaciones se repiten en distintas organizaciones y nos llevan a pensar ¿Qué puede aportar el espacio (físico) para facilitar la colaboración?

La experiencia de otras organizaciones nos motivan a revisar esta trascendental variable. Rasgos como la creatividad, la facilidad (con que una información es comunicada) o el trabajo en equipo son causas importantes (entre otras muchas) a la hora de diseñar el espacio.

En el espacio se desarrolla “la cultura de la comunidad”. Si bien estos se forman por la interacción entre los CLEHES, el área física puede jugar un rol trascendental. Por ello, compartimos algunos consejos para que revises tu oficina o área de trabajo:

Las jerarquías se notan cuando se marcan: Procura que el espacio no considere demasiadas diferencias entre posiciones. Las estructuras tradicionales se reconocen porque el jefe está arriba, “vigilando” que todo marche en orden. Rompe con ese privilegio. Utiliza espacios comunes, donde la información pueda transitar sin problemas.

La “inspiración” llega en espacios que la propician: Para reforzar el trabajo en equipo y los procesos creativos, busca espacios que sean exclusivos para esto. Si pueden contar con soportes para dibujar, como pizarras u hojas, harás una invitación tácita a crear. También, las formas circulares en mesas o salones, facilitan la integración.

La transparencia se ve: Los lugares que se muestran transparentes y abiertos permiten horizontalizar los diálogos. Organizaciones y empresas han probado, por ejemplo, privilegiar ventanas por sobre murallas, para estimular el intercambio y dejar fluir la información.

Diversifica los espacios: No todas las personas interactúan de la misma forma con el territorio. Una respuesta podría ser, por ejemplo, habilitar espacios de intercambio, otros de trabajo más silencioso y de reuniones. De esta forma, las distintas culturas y aproximaciones al trabajo pueden armonizarse dentro del espacio laboral.

Apuesta por lo virtual: En muchas ocasiones, la rigidez horaria o espacial es una traba para facilitar, por ejemplo, jornadas de equipo. Para evitarlo, la flexibilidad se puede demostrar implementando tecnologías sociales que permitan el trabajo virtual, a través de tecnologías integradas, como Google for Work.

Deja espacio para celebrar: Es importante que las oficinas, fábricas u otros espacios laborales, puedan contar con un lugar común donde las personas puedan compartir, relajarse o tomar una pausa para volver a lo suyo.

Dentro de este proceso, la participación para detectar las necesidades colectivas debe pasar por el equipo. Quienes forman parte de la estructura son quienes mejor saben cómo pueden interactuar mejor y cómo ciertos ajustes pueden permitir ensamblar mejor sus ideas y potenciar sus resultados.

Te invitamos a recibir éste y otros consejos para construir una cultura más abierta y participativa.


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