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30.4.26

¿Me quedo o me voy? Cuando el propósito organizacional duele

 En el entorno organizacional, uno de los mayores desafíos que enfrentamos es cuando sentimos que el propósito de la organización no resuena con nuestras creencias o valores personales. Esta desconexión, aunque dolorosa, puede ser una señal de que necesitamos tomar una decisión importante sobre nuestro futuro. La pregunta que surge es clara: ¿me quedo o me voy?

Reconociendo el Propósito Personal y Organizacional

El propósito es lo que nos impulsa, lo que nos conecta con la misión de una organización. Cuando ese propósito no se alinea con el de la organización, podemos sentirnos desorientados, frustrados o incluso desmotivados. Sin embargo, esta desconexión no necesariamente implica que sea el final de nuestra relación con la organización. Puede ser una oportunidad para reflexionar profundamente sobre lo que realmente valoramos, lo que queremos aportar y cómo podemos actuar en consecuencia.

El propósito personal se refiere a lo que cada uno de nosotros cree que es importante en su vida, lo que da sentido a su trabajo y a sus acciones. El propósito organizacional, por otro lado, es la misión compartida de la organización, lo que busca lograr colectivamente. Cuando estos dos propósitos no resuenan de manera conjunta, el dolor puede surgir. Este dolor, aunque incómodo, nos invita a examinar las opciones disponibles para crear una alineación o, si es necesario, realizar un cambio.

Desde la Huella Colaborativa La desconexión de propósito no es solo un malestar individual: es una incidencia psicosocial latente. Tensión que no se nombra, pero que erosiona el vínculo y la colaboración desde adentro.


El Ego y las Heridas: Barreras para Conectar con el Propósito

Sin embargo, a veces no es solo la falta de alineación entre el propósito personal y organizacional lo que nos genera dolor. El ego y las heridas personales también juegan un papel fundamental en cómo experimentamos esta desconexión. El ego, con su necesidad de validación y control, puede cegarnos y hacernos incapaces de ver el propósito más grande que está por encima de nuestras necesidades individuales.

El ego puede ser una barrera poderosa que nos impide conectar de manera auténtica con el propósito organizacional. En lugar de ver el propósito como algo colectivo y transformador, el ego nos lleva a imponer nuestra propia visión, creando una resistencia interna que nos aleja de lo que realmente importa. Las heridas no sanadas también juegan un papel importante. Muchas veces, lo que aparece como un conflicto o frustración en el entorno organizacional puede estar relacionado con heridas personales que aún no hemos reconocido o abordado. Estas heridas pueden manifestarse como miedos, resentimientos o frustraciones, que nublan nuestra capacidad de escuchar, colaborar y compartir un propósito común.

Lente del Yo En tejeRedes miramos el Yo como primera capa de la Huella: presencia, autocuidado, coherencia interna. Cuando el ego o las heridas nublan esa capa, la capacidad de colaborar genuinamente se contrae — antes de que el equipo lo note.


Los Tres Caminos Cuando El Propósito No Resuena

Cuando nos enfrentamos a la desconexión entre el propósito personal y organizacional, es fundamental comprender que hay varias opciones disponibles. No se trata solo de una dicotomía entre quedarnos o irnos. Existen caminos que nos permiten evaluar nuestra situación y decidir con claridad. Estos tres caminos son:

Micro antes que macro Lo que hoy parece una decisión personal — quedarme o irme — puede ser la acumulación de microincidencias no atendidas. La Huella Colaborativa invita a leer esas señales antes de que se conviertan en quiebre.

Quedarse y Reajustar el Propósito. En este camino, el objetivo es buscar una forma de reconectar el propósito personal con el propósito organizacional. También puede ser una oportunidad para mirar nuestro espacio interior y observar si existen barreras, producto de los egos y las heridas, que nos dificultan conectar con más claridad. A veces, la desconexión no es total, y es posible encontrar puntos de convergencia que nos permitan seguir adelante dentro de la organización.

Ajustar la Participación sin Abandonar el Propósito. En este camino, a veces el conflicto no es total, y podemos encontrar nuevas formas de colaborar, más alineadas con lo que realmente nos importa. Esto puede implicar ajustes en la estructura de trabajo, en los proyectos en los que participamos o en las metodologías que aplicamos. Este ajuste puede ser el cambio necesario para encontrar una mayor satisfacción personal y profesional, permitiéndonos alinear mejor nuestro propósito personal con el organizacional.

Salir y Buscar Alineación con Otro Propósito. En algunos casos, la desconexión entre los propósitos es tan grande que no es posible encontrar un punto de encuentro. Esto requiere tener claridad sobre si estamos tomando las decisiones desde la libertad interior y no desde las barreras que, a veces, tenemos. Si tras un proceso reflexivo llegamos a la conclusión de que el propósito organizacional sigue siendo incompatible con nuestros valores y aspiraciones, salir de la organización puede ser la opción más saludable.


Vivir el Propósito con Coherencia

Cualquiera sea el camino que tomemos, lo importante es ser honestos con nosotros mismos. El propósito, tanto personal como organizacional, debe ser un reflejo de lo que realmente valoramos. A veces, ese motor necesita ser ajustado o redefinido, pero nunca debemos perder de vista que la desconexión entre el propósito personal y organizacional puede ser una oportunidad para un crecimiento más auténtico.

 Del cumplimiento a la cultura No se trata solo de evitar el conflicto. La meta es activar colaboración real. Una organización que cuida el propósito compartido no espera a que la gente se vaya para preguntarse qué pasó.


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