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1.4.26

Huella Colaborativa: mirar lo que no siempre se ve en las organizaciones

 En el último capítulo de Radio tejeRedes Play abrimos una conversación necesaria: cómo observar aquello que muchas veces no aparece en los informes, pero afecta profundamente la vida de los equipos.

Junto a Johana Ciro, Isabel Miralles y Cristián Figueroa, exploramos la Huella Colaborativa como una nueva manera de leer vínculos, tensiones, silencios, patrones y posibilidades de transformación en las organizaciones.

Lo importante no siempre aparece en los indicadores

Hay cosas que en una organización no salen en un Excel, no quedan escritas en un acta y no siempre se nombran en una reunión formal.

Están en cómo nos miramos.
En lo que decimos.
En lo que evitamos decir.
En esas tensiones que se sienten, aunque nadie las ponga sobre la mesa.

Ese fue el punto de partida de este primer capítulo de la temporada de Radio tejeRedes Play: detenernos a observar esa huella invisible que vamos dejando en los vínculos, en las formas de trabajar y en la cultura que construimos, muchas veces sin darnos cuenta.

La Huella Colaborativa no nace para medir por medir

Uno de los elementos más interesantes de la conversación fue dejar claro que la Huella Colaborativa no se propone como una herramienta fría ni como un simple sistema de medición.

No aparece para clasificar organizaciones ni para reducir la complejidad humana a un gráfico.

Aparece, más bien, como una forma de abrir conversaciones.

Como explicó Cristián Figueroa, la búsqueda nace de una pregunta muy concreta: cómo acompañar procesos de transformación organizacional sin quedarnos solo en el diseño formal de estructuras, roles o modelos de gestión. La necesidad era encontrar una referencia que ayudara a las organizaciones a detenerse, observar y leer mejor lo que realmente está ocurriendo en su manera de colaborar.

Por eso la Huella se entiende más como un telar de conversación que como una simple herramienta. Un telar que ayuda a tejer preguntas difíciles a partir de dolores, incidencias y patrones que afectan la vida de los equipos.

así como existe la huella de carbono, también existe la Huella Colaborativa.  La huella de carbono mide el impacto que dejamos en el planeta. La Huella Colaborativa mide el impacto que dejamos en las relaciones, en los equipos y en la organización cada vez que trabajamos juntos.

Así como existe la huella de carbono, también existe la Huella Colaborativa. La huella de carbono mide el impacto que dejamos en el planeta. La Huella Colaborativa mide el impacto que dejamos en las relaciones, en los equipos y en la organización cada vez que trabajamos juntos.

Cuando hablar de colaboración no basta

Otro de los hilos más potentes del capítulo fue este: hablar de colaboración es fácil; practicarla de verdad no lo es.

Muchas organizaciones desean ser más horizontales, más abiertas, más participativas o más coherentes con sus propósitos. Pero entre esa intención y la experiencia concreta suele haber una brecha.

La colaboración puede ser un discurso bonito.

Puede ser incluso un valor declarado.

Pero eso no significa que esté ocurriendo realmente.

Johana Ciro lo expresó con mucha claridad: la colaboración no es solo una intención, sino una práctica que deja huella en los vínculos, en las decisiones y en la cultura organizacional. Y precisamente por eso no basta con preguntarse si una organización “es colaborativa o no”. La pregunta más fértil es otra:

¿Qué patrones estamos sosteniendo hoy?

Las incidencias: eso que afecta y no siempre se nombra

En la conversación apareció una palabra central: incidencias.

No como sinónimo de problema puntual, sino como una forma de nombrar aquellos elementos que van afectando la vida organizacional: dolores de equipo, tensiones no resueltas, dinámicas heredadas, decisiones poco claras, silencios persistentes, microquiebres en la confianza.

Cristián compartió algo importante: las incidencias no son universales ni se pueden leer igual en todas partes. Cambian según la historia del grupo, el territorio, la cultura organizacional y el tipo de institución.

Eso vuelve muy valiosa esta mirada, porque evita caer en recetas genéricas.

Cada organización tiene su propia historia.
Cada equipo tiene sus propios patrones.
Cada huella necesita ser leída en contexto.


Lo invisible también informa

Uno de los aportes más sugerentes de Joana tuvo que ver con lo que empezó a aparecer en los primeros pilotos.

Por ejemplo:

  • la autocensura,
  • el miedo a decir lo que realmente se piensa,
  • las respuestas condicionadas por jerarquías,
  • los sesgos de responder “lo correcto” en vez de lo verdadero,
  • y la influencia invisible de estructuras de poder sobre lo que una persona se atreve o no a expresar.

Lo interesante es que nada de eso fue leído como “ruido”.

Al contrario: fueron señales fundamentales del sistema.

La incomodidad, el silencio, la mirada esquiva, la dificultad para hablar… todo eso también entrega información. Y muchas veces es precisamente ahí donde una organización puede empezar a comprender lo que no estaba viendo.

Medir como pretexto para conversar

Isabel Miralles dejó otra idea clave: la medida no es el fin. La medida es el pretexto para conversar.

La Huella puede incluir dimensiones observables, contrastes, polaridades y formas de representación. Pero su valor no está solo en producir datos, sino en ayudar a afinar qué está pasando de fondo.

No se trata únicamente de saber si algo está “bien” o “mal”.
Se trata de comprender qué se mueve por debajo.
Qué duele.
Qué se repite.
Qué está pidiendo ser nombrado.
Qué posibilidades de transformación se abren si nos atrevemos a mirar.

No todo se resuelve con protocolos

Otra reflexión importante del capítulo fue que, aunque los protocolos y las normativas son necesarios, no alcanzan por sí solos.

Hoy sabemos mucho más sobre bienestar, salud laboral, riesgos psicosociales y prevención. Pero también estamos viendo que no hay transformación real si no cambia el fondo de las relaciones.

No basta con normar.
No basta con declarar valores.
No basta con diseñar estructuras más modernas.

Hace falta aprender a mirar la organización como un espacio humano, relacional y vivo.

Y desde ahí, la Huella Colaborativa propone algo profundamente actual: pasar del control y la reacción tardía a una lectura más preventiva, compartida y consciente.

Una herramienta situada, no una etiqueta

También hubo espacio para una pregunta delicada y muy pertinente: el riesgo de que este tipo de enfoque termine responsabilizando individualmente a las personas por problemas que tienen causas estructurales.

La respuesta fue muy clara.

La Huella Colaborativa no está pensada como una herramienta genérica ni como una etiqueta aplicable desde fuera. Su sentido está en construirse desde la historia del grupo, desde el contexto concreto y desde una lectura colectiva de lo que emerge.

Eso no elimina todos los riesgos. Pero sí marca una diferencia importante: no busca culpables, sino comprensión compartida y capacidad preventiva.

Una nueva manera de mirar la transformación

Quizás una de las frases más importantes que dejó la conversación fue esta idea: las organizaciones no se transforman solo con estrategia o estructura, sino con la calidad de las relaciones que las sostienen.

Ahí está el corazón de la Huella Colaborativa.

No como una moda.
No como una fórmula cerrada.
No como una herramienta aislada.

Sino como una nueva lente para observar lo que está pasando de verdad en personas, equipos y organizaciones.

Una lente que permite ver no solo tensiones y silencios, sino también posibilidades, aprendizajes y caminos de transformación.

La pregunta que queda abierta

Al cerrar el capítulo, quedó resonando una pregunta simple, pero muy profunda:

¿Qué huella está dejando hoy tu manera de colaborar?

Tal vez no podamos controlar todo lo que ocurre en una organización.
Pero sí podemos empezar a mirar con más conciencia lo que habilitamos, lo que limitamos, lo que sostenemos y lo que desgastamos en nuestra forma cotidiana de trabajar con otros.

Y quizás ahí empieza una transformación más honesta.

No en el gran cambio declarado.
Sino en la huella concreta que dejamos cada día.

31.1.17

“Tierra adentro”: Una visita al ecosistema tejeRedes

Ecosistema tejeRedes desde adentro

Nuestras organizaciones se nutren de distintos perfiles y experiencias. Conoce cómo potenciar cada personalidad para desarrollar ambientes colaborativos.


Te invitamos a hacer un ejercicio: elige un grupo de personas. Imagínalo, recuerda a sus integrantes. Ahora, trata de caracterizar a cada uno con una palabra ¿Pudiste?

En principio, todos los grupos que conocemos comparten un punto en común: se construyen a partir de la diversidad. En tejeRedes hemos construido una tipología dentro de las comunidades. Si bien una persona puede asumir más de un rol, o cambiar su rol de un grupo a otro, en primer lugar los perfilaremos en dos grandes grupos: Articuladores y Participantes.


¿Cómo nos comportamos en sistemas colaborativos? 

 Los Articuladores son aquellos perfiles que permiten que las conversaciones fluyan y se distribuyan al interior de una comunidad, a la vez que facilitan que aquellos diálogos desemboquen en planes concretos.

Dentro de este grupo, se encuentra la araña. Su tarea y característica fundamental es unir a la gente en torno a propósitos comunes y formar equipos al interior de una comunidad. Su sensibilidad y su conexión con los CLEHES es clave para reconocer a quiénes juntar para potenciar proyectos y mantener el sistema funcionando.

Los Participantes, por su parte, son quienes le dan vida a una comunidad. Sin su rol, los procesos impulsados a partir de las conversaciones tejidas por los articuladores no enlazarían con un propósito y una acción. Dentro de este grupo, se encuentran:

 Los leones, cuya función es orientar y guiar a las personas en una comunidad. Dentro de un sistema colaborativo, el león impulsa a quienes forman parte de su grupo para que se mantengan activos en torno al propósito. Motivan, coordinan y aportan con recomendaciones, según corresponda. Son versátiles, empáticos, y seductores, sumando de manera asertiva su vasta experiencia y embarcando a quienes le rodean en proyectos y desafíos nuevos.

Las abejas, por su parte, son expertas en leer entre líneas y dar seguimiento a las informaciones y conversaciones que circulan dentro y fuera de una comunidad. Desde su rol como polinizadoras, son personas curiosas, inquietas, sociables, rasgos claves para llevar y traer información. Desde su mirada, desde “fuera de la caja”, son capaces de incorporar nuevas ideas e informaciones, nutriendo los proyectos existentes y contribuyendo para ir un paso más allá.

Desde otro espacio, el zorro colabora en cuidar la comunidad, protegiéndola de riesgos externos, como por ejemplo, agentes que quieran fragmentarla. Astutos, visionarios y experimentados, no buscan hacerse notar, sino más bien aprovechar su sigilo para canalizar oportunidades hacia la comunidad.

A la hora de empujar espacios para la reflexión, los osos entran en acción. Son quienes promueven estos espacios, a partir de su capacidad de observar e impulsar esas pausas necesarias. Tienen como cualidad su capacidad de “poner paños fríos” ante situaciones complejas, transmitiendo bienestar y generando espacios de fraternidad a través de su comportamiento. Además, sus observaciones siempre fertilizan las conversaciones, pues tienen puntos de vistas que dan un giro a las discusiones, aún si se pensaban ya resueltas.

Por último si hay una especie que se distingue por su trabajo arduo, es la hormiga. Prolija en sus labores, consigue reconocimiento por la disposición y por dejar el corazón con tal de cumplir los objetivos trazados por la comunidad. Son quienes dan cuerpo y operatividad a las ideas y se orientan en cumplir y desarrollar productos, servicios o proyectos.

Aunque, cada uno de los perfiles funciona de manera distinta en sistemas jerárquicos y tiene un “lado B”, lo fundamental es potenciar sus rasgos positivos para construir comunidades sostenibles en el tiempo, bajo un ecosistema confiable y ameno para así alcanzar su máximo potencial.

Te invitamos a descargar el libro y manuales tejeRedes e inscribirte en la escuela tejeRedes

18.10.16

Bienvenida primavera: el brote en la comunidad

Brote de la comunidad: tejeRedes



Tal como las estaciones del año, las comunidades colaborativas viven ciclos que van cumpliendo etapas en su evolución.


Al igual que la naturaleza, las comunidades colaborativas viven procesos orgánicos que marcan estaciones o etapas en su evolución. 

Si lo equiparamos a un jardín, en el ecosistema colaborativo podemos encontrar un hábitat o ecosistema con animales, árboles y todo tipo de seres vivos; aromas, colores y un jardinero que va articular algunos de los procesos que ahí ocurren. 

“En el jardín las estaciones permiten que el ecosistema se renueve” Extracto del libro tejeRedes. 

Si seguimos con este ejemplo, las personas constituirían parte del primer grupo. Y a ellos se suma el jardinero, que corresponde al articulador o persona que teje en pos de la colaboración en el sistema. 

Es que tal como te explicamos en nuestro post sobre qué es la cultura colaborativa, no debemos olvidar que las personas y su calidad de vida son el centro de todo en este tipo de gestión. 

Las estaciones 



El invierno, primavera, verano y otoño sirven como analogía para los ciclos de evolución de una comunidad en relación a su objetivo central. 

Y ocurre lo mismo que pasaría si un jardinero quisiera plantar algún tipo de planta fuera de temporada: si la comunidad no respeta los ciclos, se generan crisis. 

Por ello, es imprescindible respetar los periodos de lluvias, brote, abundancia y descanso. 

La primavera 


Una vez haya pasado el invierno, estación en la que las personas de un equipo o comunidad se exponen al agua y viento para limpiar energías, es hora de fomentar los espacios de aprendizaje en relación al pasado y la escucha activa. 

Este periodo viene acompañado de innovación y creatividad dentro del grupo de personas que formar parte del ecosistema, por lo que es el momento ideal para potenciar el propósito o razón de ser central de la comunidad, abarcando todos los ideales y valores que la mueven. 

¿En qué se traduce todo esto? 


Con la dinámica generada en este ciclo, la comunidad o equipo de trabajo logra una mayor cercanía y una mejor comunicación tanto a nivel interno como en relación a personas externas que interactúan con ella, como podrían ser por ejemplo los clientes o proveedores. 

Pasará algún tiempo hasta que, inevitablemente, nos adentremos en el verano, donde será la abundancia la palabra clave. 

¿Quieres saber más sobre cultura colaborativa?, Te invitamos a descargar el libro y manuales tejeRedes e inscribirte en la escuela tejeRedes


27.4.12

Ecosistemas 2.0 #redes


"Una premisa crítica de los ecosistemas 2.0 es que son redes de personas, y no de instituciones."


Que frase mas potente no les parece, pues la hemos visto en el blog de Amalio Rey en su entrada: ¿Cómo activar un Ecosistema 2.0 para innovar?

Les recomendamos leerla 100%, está buenísima. Pues desde ahí hacemos algunas reflexiones que se condicen con el pensamiento de tejeRedes y lo maravilloso de las comunidades y redes....

"Un ecosistema es “2.0” porque se despliega siguiendo lógicas de emergencia. Por tanto, no se crea, sino que se activa". 

Que importante esta frase, no se obliga a las comunidades o redes a crearse, no se les obliga a juntarse por que alguien lo dice, si no que naturalmente un grupo de personas con una necesidad o propósito común se activan para configurar su propio ecosistema.

"Una premisa crítica de los ecosistemas 2.0 es que son redes de personas, y no de instituciones. El liderazgo reside en la propia red, emerge de forma natural de personas con nombres propios." 


¿Se recuerdan de los roles dentro de la red y a comunidad?, pues aquí están reflejados; l@s leones/leonas emergen de forma natural dentro de la comunidad, es la red la que decide quienes serán sus lideres, como quieren ser representad@s.

"Esto va de calidad, no de cantidad. No importa que sean pocas personas si tienen un sentido de propósito. Es mejor esto, que coleccionar nodos pasivos que estén por estar."


Debemos ser buen@s articuladores y dentro de ello está el leer los CLEHES de las distintas personas que están en la comunidad, saber bien que hormigas, os@s, leones, abejas están a nuestro alrededor, ver quién si es bueno que entre en la comunidad y quién lamentablemente no puede estar si no entrega algo de valor o estresa a la red.

Bueno estas son algunas de las reflexiones de las muchas que se encuentran dentro del post de Amalio Rey. Si quieren leerlo entero pinchen aquí, los invitamos a que comenten y compartan esta información.

Un abrazo enRedad@s

10.2.12

Redes entre el mundo social/economico y la naturaleza por Jordi Bascompte

A través de Pablo Villoch nos llega la historia y trabajo de Jordi Bascompte

En tejeRedes siempre hemos creído que las redes es parte de la naturaleza humana y todo lo que pasa es como un gran jardín, donde hay plantas, insectos y jardineros (como articulados). 

En la Vanguardia Jordi nos cuenta: 

"Tanto los ecosistemas como los sistemas económicos forman redes complejas en que múltiples actores interactúan unos con otros. Hay una larga tradición de estudios basados en la competencia, por ejemplo entre especies, entre empresas o entre países. Pero hay muy pocos estudios sobre la cooperación, que también tiene un papel muy importante en la ecología. Es lo que nosotros hemos estudiado." 
"Hemos analizado veinte redes ecológicas formadas por plantas florales e insectos polinizadores. Las hemos analizado desde la selva amazónica hasta Groenlandia. En estas redes, las plantas benefician a los insectos y los insectos a las plantas. Además, unas especies de insectos pueden beneficiar a otras si van a las mismas plantas. Y unas especies de plantas pueden beneficiar a otras si las polinizan los mismos insectos. Es lo que llamamos una red mutualista". 
"Por un lado, que unos nodos ayudan más que otros en mantener esta red ecológica de la que todos se benefician. Y por otro, y esto es lo más sorprendente, que los que más ayudan son los más vulnerables a la extinción."
Aquí les dejamos un vídeo desde "Tres14 -TVE. Donde Jordi habla de:
"Los insectos han inventado la sociabilidad y gracias a ellos han tenido un gran éxito. Salvo en los Polos se encuentran en todo el planeta Tierra y son imprescindibles para nuestra agricultura. ¿Qué otras sorpresas nos deparan los insectos? ¿Qué tienen que ver los insectos con internet y los aeropuertos? Jordi Bascompte, biólogo e investigador de la Estación Biológica de Doñana, nos responde."

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