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1.4.26

Huella Colaborativa: mirar lo que no siempre se ve en las organizaciones

 En el último capítulo de Radio tejeRedes Play abrimos una conversación necesaria: cómo observar aquello que muchas veces no aparece en los informes, pero afecta profundamente la vida de los equipos.

Junto a Johana Ciro, Isabel Miralles y Cristián Figueroa, exploramos la Huella Colaborativa como una nueva manera de leer vínculos, tensiones, silencios, patrones y posibilidades de transformación en las organizaciones.

Lo importante no siempre aparece en los indicadores

Hay cosas que en una organización no salen en un Excel, no quedan escritas en un acta y no siempre se nombran en una reunión formal.

Están en cómo nos miramos.
En lo que decimos.
En lo que evitamos decir.
En esas tensiones que se sienten, aunque nadie las ponga sobre la mesa.

Ese fue el punto de partida de este primer capítulo de la temporada de Radio tejeRedes Play: detenernos a observar esa huella invisible que vamos dejando en los vínculos, en las formas de trabajar y en la cultura que construimos, muchas veces sin darnos cuenta.

La Huella Colaborativa no nace para medir por medir

Uno de los elementos más interesantes de la conversación fue dejar claro que la Huella Colaborativa no se propone como una herramienta fría ni como un simple sistema de medición.

No aparece para clasificar organizaciones ni para reducir la complejidad humana a un gráfico.

Aparece, más bien, como una forma de abrir conversaciones.

Como explicó Cristián Figueroa, la búsqueda nace de una pregunta muy concreta: cómo acompañar procesos de transformación organizacional sin quedarnos solo en el diseño formal de estructuras, roles o modelos de gestión. La necesidad era encontrar una referencia que ayudara a las organizaciones a detenerse, observar y leer mejor lo que realmente está ocurriendo en su manera de colaborar.

Por eso la Huella se entiende más como un telar de conversación que como una simple herramienta. Un telar que ayuda a tejer preguntas difíciles a partir de dolores, incidencias y patrones que afectan la vida de los equipos.

así como existe la huella de carbono, también existe la Huella Colaborativa.  La huella de carbono mide el impacto que dejamos en el planeta. La Huella Colaborativa mide el impacto que dejamos en las relaciones, en los equipos y en la organización cada vez que trabajamos juntos.

Así como existe la huella de carbono, también existe la Huella Colaborativa. La huella de carbono mide el impacto que dejamos en el planeta. La Huella Colaborativa mide el impacto que dejamos en las relaciones, en los equipos y en la organización cada vez que trabajamos juntos.

Cuando hablar de colaboración no basta

Otro de los hilos más potentes del capítulo fue este: hablar de colaboración es fácil; practicarla de verdad no lo es.

Muchas organizaciones desean ser más horizontales, más abiertas, más participativas o más coherentes con sus propósitos. Pero entre esa intención y la experiencia concreta suele haber una brecha.

La colaboración puede ser un discurso bonito.

Puede ser incluso un valor declarado.

Pero eso no significa que esté ocurriendo realmente.

Johana Ciro lo expresó con mucha claridad: la colaboración no es solo una intención, sino una práctica que deja huella en los vínculos, en las decisiones y en la cultura organizacional. Y precisamente por eso no basta con preguntarse si una organización “es colaborativa o no”. La pregunta más fértil es otra:

¿Qué patrones estamos sosteniendo hoy?

Las incidencias: eso que afecta y no siempre se nombra

En la conversación apareció una palabra central: incidencias.

No como sinónimo de problema puntual, sino como una forma de nombrar aquellos elementos que van afectando la vida organizacional: dolores de equipo, tensiones no resueltas, dinámicas heredadas, decisiones poco claras, silencios persistentes, microquiebres en la confianza.

Cristián compartió algo importante: las incidencias no son universales ni se pueden leer igual en todas partes. Cambian según la historia del grupo, el territorio, la cultura organizacional y el tipo de institución.

Eso vuelve muy valiosa esta mirada, porque evita caer en recetas genéricas.

Cada organización tiene su propia historia.
Cada equipo tiene sus propios patrones.
Cada huella necesita ser leída en contexto.


Lo invisible también informa

Uno de los aportes más sugerentes de Joana tuvo que ver con lo que empezó a aparecer en los primeros pilotos.

Por ejemplo:

  • la autocensura,
  • el miedo a decir lo que realmente se piensa,
  • las respuestas condicionadas por jerarquías,
  • los sesgos de responder “lo correcto” en vez de lo verdadero,
  • y la influencia invisible de estructuras de poder sobre lo que una persona se atreve o no a expresar.

Lo interesante es que nada de eso fue leído como “ruido”.

Al contrario: fueron señales fundamentales del sistema.

La incomodidad, el silencio, la mirada esquiva, la dificultad para hablar… todo eso también entrega información. Y muchas veces es precisamente ahí donde una organización puede empezar a comprender lo que no estaba viendo.

Medir como pretexto para conversar

Isabel Miralles dejó otra idea clave: la medida no es el fin. La medida es el pretexto para conversar.

La Huella puede incluir dimensiones observables, contrastes, polaridades y formas de representación. Pero su valor no está solo en producir datos, sino en ayudar a afinar qué está pasando de fondo.

No se trata únicamente de saber si algo está “bien” o “mal”.
Se trata de comprender qué se mueve por debajo.
Qué duele.
Qué se repite.
Qué está pidiendo ser nombrado.
Qué posibilidades de transformación se abren si nos atrevemos a mirar.

No todo se resuelve con protocolos

Otra reflexión importante del capítulo fue que, aunque los protocolos y las normativas son necesarios, no alcanzan por sí solos.

Hoy sabemos mucho más sobre bienestar, salud laboral, riesgos psicosociales y prevención. Pero también estamos viendo que no hay transformación real si no cambia el fondo de las relaciones.

No basta con normar.
No basta con declarar valores.
No basta con diseñar estructuras más modernas.

Hace falta aprender a mirar la organización como un espacio humano, relacional y vivo.

Y desde ahí, la Huella Colaborativa propone algo profundamente actual: pasar del control y la reacción tardía a una lectura más preventiva, compartida y consciente.

Una herramienta situada, no una etiqueta

También hubo espacio para una pregunta delicada y muy pertinente: el riesgo de que este tipo de enfoque termine responsabilizando individualmente a las personas por problemas que tienen causas estructurales.

La respuesta fue muy clara.

La Huella Colaborativa no está pensada como una herramienta genérica ni como una etiqueta aplicable desde fuera. Su sentido está en construirse desde la historia del grupo, desde el contexto concreto y desde una lectura colectiva de lo que emerge.

Eso no elimina todos los riesgos. Pero sí marca una diferencia importante: no busca culpables, sino comprensión compartida y capacidad preventiva.

Una nueva manera de mirar la transformación

Quizás una de las frases más importantes que dejó la conversación fue esta idea: las organizaciones no se transforman solo con estrategia o estructura, sino con la calidad de las relaciones que las sostienen.

Ahí está el corazón de la Huella Colaborativa.

No como una moda.
No como una fórmula cerrada.
No como una herramienta aislada.

Sino como una nueva lente para observar lo que está pasando de verdad en personas, equipos y organizaciones.

Una lente que permite ver no solo tensiones y silencios, sino también posibilidades, aprendizajes y caminos de transformación.

La pregunta que queda abierta

Al cerrar el capítulo, quedó resonando una pregunta simple, pero muy profunda:

¿Qué huella está dejando hoy tu manera de colaborar?

Tal vez no podamos controlar todo lo que ocurre en una organización.
Pero sí podemos empezar a mirar con más conciencia lo que habilitamos, lo que limitamos, lo que sostenemos y lo que desgastamos en nuestra forma cotidiana de trabajar con otros.

Y quizás ahí empieza una transformación más honesta.

No en el gran cambio declarado.
Sino en la huella concreta que dejamos cada día.

24.2.18

El día en que la colaboración se volvió interesante, por Amalio Rey

seminario nexus 24 colaboracion tejeredes amalio rey

* El artículo original lo puedes consultar en el blog de Amalio Rey. Agradecemos a Amalio por permitirnos reproducir de manera íntegra este artículo. 



El viernes pasado (9F) estuve en el Campus Norte, de la Universidad Politécnica de Cataluña, participando en el tercer Seminario sobre Ciencia de la Colaboración convocado por el proyecto Col·laboscopi del programa @Nexus24UPC, que lidera ese estupendo equipo formado por Didac Ferrer, Alex Muntada, Ginevra Marina Lazzerini, Martí Rosas y Pere Losantos. Ellos, junto a Leticia Soberón (DontKnow), Cristian Figueroa (TejeRedes) y un servidor co-organizamos la jornada, a la que asistieron unas 35 personas con perfiles diversos y muy interesantes.

Tuvimos desde gente proveniente del mundo del software, a investigadores universitarios, promotores culturales, diseñadores, facilitadores de procesos colaborativos, funcionarios de distintas administraciones, artistas, empresarios, gestores del conocimiento, urbanistas y… ¡hasta bomberos! (aquí tienes el listado completo y sus perfiles). El seminario estaba dirigido a personas interesadas en profundizar sobre las claves de los equipos colaborativos, tanto desde una lógica de investigación como de la práctica diaria.

El evento fue una práctica colaborativa en sí mismo. Cristian Figueroa dice que se dedica a “armonizar comunidades y organizaciones (…) promoviendo que las personas trabajen en red colaborativamente”, y realmente lo consiguió. Siguiendo su metodología TejeRedes, su labor de facilitación fue muy hábil para crear complicidades y un ambiente muy agradable que ayudó a aflorar la inteligencia colectiva. Basta con echarle un vistazo a las fotos del seminario para darse cuenta de que eso fue así. El tiempo se nos pasó volando.

Antes del taller pusimos en funcionamiento una plataforma que nos facilitó, amablemente, Leticia Soberón de DontKnow, en la que compartimos 4 preguntas para centrar y madurar el debate previo al encuentro. Collaboratorium, que así se llama, funcionó muy bien para gestionar la deliberación previa. Es muy recomendable para este tipo de ejercicios.

Comparto ahora un resumen de las ideas que me parecieron más interesantes y algunas reflexiones que me sugirieron los diálogos que tuvimos. Seguro que me dejo muchos temas en el tintero, pero no quiero que el post me quede demasiado largo:

1. La CO-laboración es CO-mplejidad: No es fácil encontrar el justo equilibrio entre las motivaciones individuales (incluso, egoístas) y las colectivas. Gestionar bien la tensión natural que siempre existe entre el gen individual y el social, que todos llevamos grabados, demanda una mezcla de paciencia, generosidad y sabiduría. La respuesta que damos a este equilibrio inestable depende mucho de las experiencias personales que hemos vivido en proyectos colaborativos anteriores. El balance entre los feedbacks positivos y negativos condiciona mucho la predisposición, aunque el diseño contextual también puede hacer mucho para cambiar la actitud.

2. Colaboración por defecto: La eficiencia importa también en los procesos colaborativos. Siempre que hablo de “eficiencia” no me refiero a tomar el camino más corto, sino evitar desgastes innecesarios. Eso se traduce en cuidar el foco y no dispersarse. Una vez que el propósito está definido, hay que ponerse con ello y cuidar la gestión. La mejor forma de hacerlo es integrando la colaboración, de forma natural, en los flujos ordinarios de trabajo de las personas. Eso reduce los costes de colaborar, al menos en las primeras etapas, hasta que se adquiere el hábito. Aquí tenemos un desafío de diseño apasionante, que empieza desde modificar los flujos de interacciones que reconoce formalmente la organización para que no quede más remedio que colaborar (o sea, sin Plan-B para competir), hasta concebir incentivos y refuerzos para aquellos comportamientos que son colaborativos.

3. La colaboración no es amor, sino cultura y rediseño de contextos: Digo esto porque Martí Rosas (UPC) sugirió que la colaboración es amor, y yo me mostré incómodo con esa idea. Lo sigo estando porque pienso que el amor es otra cosa. No creo que se pueda, ni se deba, hacer mucho por “el amor” en las organizaciones. Una propuesta así a mí me pone nervioso. El amor lo dejo para mi familia, amigos y relaciones íntimas. Lo que hay que hacer es crear contextos que favorezcan comportamientos, hábitos y rutinas colaborativas, y quién sabe si después la gente termina “amando” más, pero ese no es un objetivo. Leticia decía que “las personas deben venir (a las organizaciones) amadas y lloradas”, y en parte tiene razón. Puedo entender el sentido de la expresión de Martí, si la interpreto de modo laxo y metafórico, visto el amor en términos de generosidad y cultura de compartir. María Cacheda matizó el término con una aportación sugerente, muy bien acogida en el taller, hablando de “Hamor” con H para quitarle grandilocuencia a la palabra e intentando, según ella, revalorizarla desde el punto de vista de los afectos. Yo sigo pensando que desde las organizaciones no podemos intervenir ahí más que generando contextos facilitadores.

4. La importancia del CÓMO: Hablamos de la importancia del proceso, de cómo se hacen las cosas. Decía Ana Manzanedo (OuiShare) que “la gente se engancha cada vez más al CÓMO que al QUÉ”. El propósito es importante, pero hay que huir de la “tiranía de los objetivos”. Es probable que la gente empiece a estar cansada de la retórica de las misiones/visiones, y vea en el CÓMO algo más tangible y verificable.

seminario nexus 24 colaboracion tejeredes amalio rey
5. Reciprocidad: El principio de “reciprocidad” es importante para que la colaboración sea posible. Si la apropiación de los resultados de la colaboración no se reparte de forma justa y equitativa, según la implicación mostrada por las partes, es fácil que se genere rechazo a colaborar. Yo mismo he tenido experiencias desagradables con personas para las que: “lo mío es mío, y lo tuyo es de los dos” . También es verdad que la reciprocidad es una función del tiempo, así que hay que ser pacientes a la hora de esperar o medir los retornos. Sentir “estrés por la reciprocidad”, algo también común en iniciativas colaborativas, tampoco es bueno.

6. La colaboración necesita diversidad, pero hasta cierto punto: La diversidad está en la base de las sinergias, y sin sinergias, la colaboración es forzada. Pero… ¿cuánta diversidad es la correcta? Hablamos de esto, tanto en Collaboratorium como en el taller, y se hizo evidente que maximizar la diversidad puede no ser una buena idea en contextos de acción, donde hay que conseguir resultados dentro de determinados plazos. En entornos de reflexión puedes admitir toda la diversidad que quieras, pero en los de acción, con expectativas de resultados, no hay que pasarse del punto óptimo, que es aquel donde los costes de forjar consensos empiezan a exceder los beneficios de disponer de perspectivas diversas: vamos a necesitar tanta diversidad (y no más) como la que podamos manejar de un modo razonablemente eficiente. Como se ve, el grado correcto de diversidad es altamente dependiente del contexto. También es verdad que, si hay un fuerte propósito compartido, es más fácil gestionar altos niveles de diversidad.

7. Rediseño de espacios híbridos: Determinados espacios incitan más a la colaboración que otros. Hay que mimar esto a la hora de crear entornos facilitadores. Pero mucho cuidado con pasarse de alegría comunitaria. Estoy muy de acuerdo con Didac (UPC) en que los espacios diáfanos no son la única solución, y que es imprescindible combinarlos con sitios aislados, que permitan la reflexión individual, sin ruidos, ni interferencias. El diseño tiene que ser híbrido, para que responda a las distintas necesidades que se dan en el proceso co-creativo.

8. Herramientas colaborativas: La actitud es más importante que las herramientas, pero éstas juegan también un papel relevante. Hace falta más conocimiento y formación en el manejo de aplicaciones colaborativas digitales, porque cuando la gente manosea las herramientas, al mismo tiempo está aprendiendo y viendo qué tipos de cosas se pueden hacer colaborando. Estas herramientas suelen funcionar bien como “troyanas”, porque una vez que la gente las prueba, si funcionan bien, se resisten a volver atrás.

9. Medir la colaboración: Uno de los objetivos del taller era reflexionar sobre cómo medir la colaboración. Aunque varios participantes han insistido en que es posible medirla, yo sigo sin verlo. Al menos si se quiere hacer con rigor. Según como lo veo, habría que medir la cantidad y calidad/intensidad de las interacciones de naturaleza colaborativa. Los proxies que algunos participantes sugirieron me parecen ambiguos. No aíslan con efectividad los comportamientos colaborativos de los que no lo son. Por ejemplo, se tiende a confundir la “colaboración” con la “participación”, que no son lo mismo. Yo puedo escribir un post para compartir con el grupo (“participo”), pero hacerlo de un modo totalmente unilateral y egoísta, sólo para que se me escuche o imponer mis ideas, y después no interaccionar con los demás en el debate y construcción colectiva de las ideas que pueden elaborarse a partir de ese post y de otras contribuciones (si no hago eso, no “colaboro”). Esto se ve claro, según nos recordó Didac, en el trillado ejemplo de “los huevos con beicon”: la gallina participa, el cerdo colabora, porque se implica y se deja la piel. Por otra parte, no se puede confundir la “colaboración” con la “comunicación”. Son dos tipos de interacciones de una intensidad diferente. Por eso, indicadores de comunicación como el número de mails, llamadas telefónicas, wasaps, intercambiados no son un proxy correcto para medir “colaboración”. Usar las encuestas tampoco es fiable. La colaboración es una categoría buenista, así que la gente tiende a dar respuestas demasiado optimistas. Incluso se autoengaña, porque todo el mundo cree que es más colaborativo de lo que realmente es. Prefiero mecanismos de observación: qué hago vs. qué digo que hago.

10. CO-laboración es CO-nfianza: Esta fue quizás la palabra más repetida en la plataforma y el taller. La confianza es clave, y está claro que para confiar hay que desaprender. Es cultura y predisposición. Las organizaciones serán incapaces de generar confianza si no son coherentes.

11. Alinear la colaboración con la estrategia: Que la colaboración esté alineada con la estrategia de la organización es determinante para su efectividad. Cuando eso ocurre, es más fácil impulsarla.

12. Co-responsabilidad y liderazgo son compatibles: Para fomentar la colaboración es importante favorecer dinámicas de co-responsabilidad. La gente se tiene que sentir responsable de lo que hace, y para eso necesita autonomía. Pero eso no significa que podamos prescindir del liderazgo. Es otro tipo de liderazgo, más facilitador y humanista.

Dejo para un segundo post, que publicaré en mi otro blog de inteligencia colectiva, el resumen del debate que tuvimos en el tema que me tocó coordinar a mí: “Colaboración a gran escala, en grupos grandes”. Nos vemos…



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6.12.13

téjetEmpresa: Nicolás Badel, empresario en red y agitador del cambio por un mundo mejor



Bajo el marco de nuestro nuevo proyecto y línea de investigación téjetEmpresa: Empresas y Empresarios que trabajan en Red, les compartimos la entrevista realizada a Nicolás Badel, consultor, empresario del sector alimenticio, dedicado a tejer redes y ofrecer apoyo a nuevxs emprendedorxs. Nocilás se define a sí mismo como "un agitador de cambio por un mundo mejor; un empresario no tradicional que concibe a las empresas como un vehículo para encontrar los recursos que se necesitan para emprender lo que es la vida".

Para Nicolás una empresa y empresarix que opera en red busca hacer algo más interesante de lo que puede hacer por sí sol; trabajar en equipo o en red -“integración productiva” como se conoce en el sector empresarial-, significa contar con un equipo e incluso desarrollar proyectos que se encuentren en sincronía con las distintas partes que lo conforman.

El propósito de una empresa en red tiene que ser compartido y rentable, y tener a su vez objetivos sociales para movilizar el mundo.

En la actualidad se siguen concibiendo iniciativas y empresas que no comprender el trabajar en red, al no saber delegar por la falta de confianza en lxs otrxs y al no compartir ideas y conocimientos por miedo "a que me roben la ideas, clientes, know how, etc. 

“Una empresa que no trabaja con otras hará muy poco. Trabajar en red es trabajar en equipo y saber ser parte de un equipo, teniendo un objetivo superior al del equipo en sí y cultivando la confianza que es clave para trabajar en grupo, pero siempre partiendo por la confianza en unx mismx”

Nicolás considera que son múltiples los beneficios de trabajar en red:  1) somos parte de un equipo y las tareas se dividen en toda la red, es decir las responsabilidades y los resultados son compartidos, con lo cual no se precisa estar al 100% sobre la gestión de actividades o tareas; 2) las cosas que unx puede hacer solx son limitadas a diferencia de las cosas que se hacen en equipo, las cuales serán por ende mayores y perdurables; 3) se promueve la innovación abierta, cuando se trabaja en red se comparten aprendizajes y experiencias, por lo que es mucho más probable mejorar las ideas y facilitar la ejecución de todas ellas; y, en definitiva Nicolás está convencido de que las empresas que trabajan en red contribuyen a cambiar el mundo. 

“El trabajo en red supone un cambio en el concepto de liderazgo; se lidera de forma participativa y propiciando el consenso, el líder va a donde el grupo quiere ir no al contrario

Por otro lado, Nicolás señala que la red se forma a partir de los objetivos, no al revés, por tanto, en función del propósito que persiga una red se irán incorporando las personas que lo deseen compartir, así el alcance que tendrá dicha red dependerá de los miembros que la conforman y de la capacidad de articular las distintas habilidades que posee cada integrante para conseguir los objetivos que se plantean.

El liderazgo participativo hace que las ideas sean colectivas y de mayor calidad. Es clave promover la inteligencia colectiva, para alcanzar la lucidez colectiva que sirve para cambiar el mundo.

17.8.13

Diigo, el Marcador Social Online


¿Recuerdas cuando archivabas artículos, enlaces, imágenes, entre otras cosas que encontrabas en la Web en la carpeta de favoritos de tu navegador o en marcadores que creabas manualmente para así no perderlos de vista? Pues bien, gracias a Diigo, una herramienta de "bookmarking" creada en 2006 con base en el concepto de Cloud Computing, esos días quedaron atrás.

Diigo es un marcador social online, servicio que nos permite archivar, ordenar y clasificar las urls de todas aquellas páginas que visitemos y que nos interesen a través de un sistema de "tags" o etiquetas para su fácil ubicación. El nombre Diigo es un acrónimo de "Digest of Internet Information, Groups and Other stuff" por sus siglas en inglés. Es un servicio de acceso libre, solo basta con crear una cuenta ingresando el e-mail y contraseña.

Aun así Diigo es más que un simple marcador social, pues no sólo permite tener almacenada toda la información que nos interesa en la "nube", sino que a su vez y a medida que evoluciona con cada versión, nos brinda más funcionalidades para gestionar nuestra información. Por ejemplo, nos permite trabajar sobre las propias páginas de internet que nos llaman la atención, dándonos la posibilidad de subrayar líneas o párrafos, agregar post-it para incluir comentarios, grabar imágenes, hacer capturas de pantalla y editarlas, enviar por e-mail las páginas que deseemos a nuestros contactos donde ellxs podrán ver nuestros resaltados y anotaciones, incluir tags para buscar en nuestra biblioteca diigo o en la de otrxs usuarixs, marcar artículos para leer más tarde y también da la posibilidad de marcar si se quieren tener los archivos públicos o privados o elegir cuales son públicos y cuales se prefieren mantener privados.

Fuente: Diigo

El concepto de herramienta de colaboración y de networking es clave, puesto que con Diigo además podemos crear grupos y comunidades para generar foros, compartir conocimiento con nuestro grupo o contactos específicos, enviar sms o mensajes y enlaces a twitter, etc. En Diigo disponemos de una pestaña "Network" donde encontramos a todas las personas que seguimos en esta red, lo cual permite que veamos toda aquella información que nuestros contactos registren y tengan en modo público.

Diigo es una útil y potente herramienta para hacer online research y gestionar toda la información que más nos interesa mientras navegamos; nos ayudará a gestionar el conocimiento, a disponer de nuestro contenido en cualquier dispositivo que tenga acceso a internet, a compartir información con los grupos en los que participes, fomentando así la inteligencia colectiva y trabajo colaborativo y en definitiva nos permitirá crear nuestra propia biblioteca online y organizarla por temáticas. Conoce Diigo y empieza a crear tu propia librería! 



19.6.13

Articulando Redes: entre lo físico y lo digital @urbanohumano

El pasado jueves desde DCOLLAB, tuvo lugar una interesante sesión de articuladores tejeRedes en la cual contamos con la participación especial de Domenico Di Siena, con quien se abordó un tema bastante amplio y a la vez atrayente respecto a la articulación de Redes entre el mundo físico y el mundo digital. 

En esta sesión exploramos el papel de las nuevas tecnologías y su contribución en la gestión urbana, la educación y la construcción colectiva de nuevos modelos sociales. De la sesión surgieron además nuevos e inspiradores conceptos que nos permiten comprender de un mejor modo los aportes del mundo digital en lo real y viceversa; cómo estos dos mundos, siendo complemento el uno del otro, se articulan.  

Estas son algunas de las conclusiones que surgieron de la conversación:

  • Las nuevas tecnologías contribuyen mucho a la hora de favorecer un diálogo entre la ciudadanía y la gestión urbana. 
  • Las nuevas tecnologías nos acercan a nuevos modelos de Inteligencia Colectiva.
  • Gracias a la Inteligencia Colectiva descubrimos cosas que nos gustan pero que no buscamos en un momento concreto; cuando nos relacionamos con nuevas personas en lugar de sumarnos a una idea ya existente, construimos entre todxs una nueva como fruto del trabajo participativo y colectivo de todxs.
  • Para que la Inteligencia Colectiva sea efectiva necesitamos tener un feedback rápido y en tiempo real; esto es algo que nos proveen las nuevas TIC. 
  • Del punto anterior surgió un claro ejemplo: sin las nuevas tecnologías hubiera sido más difícil visualizar lo que ocurría en tiempo real en la acampada Sol.
  • Las tecnologías sociales generan sinergías y conexiones que nos regresan al espacio presencial.
  • En la medida que cambian las relaciones que se originan entre comunidades o personas, cambian también la relación del espacio. 
  • Las redes sociales están siendo cada vez más audiovisuales pues hace que las conexiones sean mucho más naturales.
  • En el uso de las tecnologías digitales y físicas lo más importante es la comunidad, sus propósitos y los seres humanos que la conforman.
  • El uso de tecnologías sociales contribuye al fomento de una educación expandida y nuevos modelos de aprendizaje.
  • Las nuevas tecnologías permiten que en tiempo real estemos comunicados con gente de otros países, construyendo ideas y aprendiendo traspasando fronteras. 
  • La inteligencia colectiva y las redes posicionan a las personas como agentes con capacidad para transformar la realidad que les rodea. 
  • Las herramientas digitales no sólo permiten el intercambio de conocimiento, también generan espacios o laboratorios para la construcción creativa.
  • El "peligro" que suponía lo global está siendo contrarrestado por la promoción de procesos de desarrollo de comunidades locales; "piensa global actúa local" ---> "GLOCAL".
  • Cuando creamos comunidades es importante no caer en el error de crear comunidades cerradas.
A partir de las ideas que aquí exponemos y que fueron surgiendo a raíz de las preguntas de lxs participantes cerramos la sesión con un concepto que recoge gran parte de lo tratado: la multipertenencia, término que describe nuestra condición actual acerca de como cada vez más pertenecemos a diferentes redes y contextos sociales. 


Este es un breve resumen de lo que trató esta sustanciosa sesión de Articuladores #playredes. Si te interesa saber más te compartimos aquí el video de la sesión completa. 


18.5.13

Café Redes para fomentar la Creatividad y la Inteligencia Colectiva


Café Redes, tecnología social para despertar ideas en colectivo y accionar

Es sábado y traemos una nueva Tecnología Social para enseñarte; hoy la protagonista es Café Redes. 

Si bien el término Café Redes tiene su inspiración en la metodología de World Café, la diferencia radica en que Café Redes busca formular preguntas y generar conversación en torno a los temas de Redes y la Metodología tejeRedes. Sin embargo, los elementos esenciales son los mismos (rotuladores, papeles, anfitriones, participantes rotando, preguntas, escucha...).

Como ya es sabido, en los CIRCOS tejeRedes damos mucha importancia a los espacios de cosecha (reflexión y conclusión) y de conversación colectiva, por tanto Café Redes resulta ser una actividad esencial en los talleres, sobre todo cuando se requiere desarrollar un proceso creativo y de diálogo alrededor de temas generales para llegar a planos particulares y de compromiso para la acción.

La actividad consiste en establecer pequeñas mesas redondas de conversación (5-6 personas); en cada mesa hay un anfitrión y se realizan rondas progresivas de conversación en torno a preguntas interesantes que han sido diseñadas con anterioridad y que provoquen el debate. Lxs participantes disponen en cada mesa de material para ir plasmando las ideas que surjan de la conversación, es un espacio de lluvia de ideas colectiva. Pasado un tiempo determinado se dá la señal a lxs participantes para que roten hacia otra mesa, el/la anfitrión(a) de cada mesa lxs recibe y les expone lo que se discutió y surgió en la ronda previa para así continuar profundizando en temas generales y aterrizando en temas concretos que vayan brindando conclusiones y planes de Acción en Red. Así sucesivamente sigue la actividad hasta que cada grupo de trabajo haya pasado por todas las mesas de conversación. Terminadas todas las rondas, se da tiempo para que en cada mesa el grupo coseche las conversaciones y luego entre todxs realicen una mímica, canción, poema, comic, etc. con las cuestiones más relevantes que emergieron de cada ronda de conversación, con el fin de hacer visible el conocimiento colectivo y compartirlo con el resto de compañerxs. 

Mesas de Café Redes

Para esta actividad, es importante realizar preguntas profundas, enfocarse en lo realmente importante, contribuir entre todxs con nuestras ideas o pensamiento, hablar con intención, escuchar con atención, vincular y conectar ideas, descubrir percepciones, escribir, dibujar, pero lo más importante divertirse y aprender jugando!

El objetivo con Café Redes es compartir conocimiento, generar un diálogo colaborativo, afianzar relaciones, profundizar en la exploración reflexiva que lleve a la planificación de acciones, etc. Asimismo, a partir de esta actividad también seremos conscientes de la importancia de algo tan cotidiano como la Conversación. 

Cada decisión o acción que realizamos se basa en una conversación previa; las conversaciones del día a día en las cuales nos involucramos, ya sea en casa con nuestra familia o en el trabajo o comunidad, marcan patrones de comportamiento, a partir de éstas estructuramos y coordinamos nuestras actividades, de ahí la importancia de la calidad de las conversaciones en las que participamos. 

Te animamos a que pongas en práctica este útil y enriquecedor ejercicio para fomentar un espacio de conexión entre ideas que permita pasar a la acción! Si te interesa saber más acerca de este ejercicio te invitamos a que conozcas el Manual de Tecnologías Sociales de tejeRedes, en el cual encontrarás muchas otras herramientas más!



31.10.12

The Art Of Hosting


Otro REDcomendado para las redes: 



"Hosting es un conjunto emergente de prácticas para facilitar conversaciones de grupo de todos los tamaños, apoyados por los principios que: Maximizar la inteligencia colectiva, la bienvenida y escuchar diversos puntos de vista; maximizar la participación, y transformar el conflicto en cooperación creativa"

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