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1.4.26

Huella Colaborativa: mirar lo que no siempre se ve en las organizaciones

 En el último capítulo de Radio tejeRedes Play abrimos una conversación necesaria: cómo observar aquello que muchas veces no aparece en los informes, pero afecta profundamente la vida de los equipos.

Junto a Johana Ciro, Isabel Miralles y Cristián Figueroa, exploramos la Huella Colaborativa como una nueva manera de leer vínculos, tensiones, silencios, patrones y posibilidades de transformación en las organizaciones.

Lo importante no siempre aparece en los indicadores

Hay cosas que en una organización no salen en un Excel, no quedan escritas en un acta y no siempre se nombran en una reunión formal.

Están en cómo nos miramos.
En lo que decimos.
En lo que evitamos decir.
En esas tensiones que se sienten, aunque nadie las ponga sobre la mesa.

Ese fue el punto de partida de este primer capítulo de la temporada de Radio tejeRedes Play: detenernos a observar esa huella invisible que vamos dejando en los vínculos, en las formas de trabajar y en la cultura que construimos, muchas veces sin darnos cuenta.

La Huella Colaborativa no nace para medir por medir

Uno de los elementos más interesantes de la conversación fue dejar claro que la Huella Colaborativa no se propone como una herramienta fría ni como un simple sistema de medición.

No aparece para clasificar organizaciones ni para reducir la complejidad humana a un gráfico.

Aparece, más bien, como una forma de abrir conversaciones.

Como explicó Cristián Figueroa, la búsqueda nace de una pregunta muy concreta: cómo acompañar procesos de transformación organizacional sin quedarnos solo en el diseño formal de estructuras, roles o modelos de gestión. La necesidad era encontrar una referencia que ayudara a las organizaciones a detenerse, observar y leer mejor lo que realmente está ocurriendo en su manera de colaborar.

Por eso la Huella se entiende más como un telar de conversación que como una simple herramienta. Un telar que ayuda a tejer preguntas difíciles a partir de dolores, incidencias y patrones que afectan la vida de los equipos.

así como existe la huella de carbono, también existe la Huella Colaborativa.  La huella de carbono mide el impacto que dejamos en el planeta. La Huella Colaborativa mide el impacto que dejamos en las relaciones, en los equipos y en la organización cada vez que trabajamos juntos.

Así como existe la huella de carbono, también existe la Huella Colaborativa. La huella de carbono mide el impacto que dejamos en el planeta. La Huella Colaborativa mide el impacto que dejamos en las relaciones, en los equipos y en la organización cada vez que trabajamos juntos.

Cuando hablar de colaboración no basta

Otro de los hilos más potentes del capítulo fue este: hablar de colaboración es fácil; practicarla de verdad no lo es.

Muchas organizaciones desean ser más horizontales, más abiertas, más participativas o más coherentes con sus propósitos. Pero entre esa intención y la experiencia concreta suele haber una brecha.

La colaboración puede ser un discurso bonito.

Puede ser incluso un valor declarado.

Pero eso no significa que esté ocurriendo realmente.

Johana Ciro lo expresó con mucha claridad: la colaboración no es solo una intención, sino una práctica que deja huella en los vínculos, en las decisiones y en la cultura organizacional. Y precisamente por eso no basta con preguntarse si una organización “es colaborativa o no”. La pregunta más fértil es otra:

¿Qué patrones estamos sosteniendo hoy?

Las incidencias: eso que afecta y no siempre se nombra

En la conversación apareció una palabra central: incidencias.

No como sinónimo de problema puntual, sino como una forma de nombrar aquellos elementos que van afectando la vida organizacional: dolores de equipo, tensiones no resueltas, dinámicas heredadas, decisiones poco claras, silencios persistentes, microquiebres en la confianza.

Cristián compartió algo importante: las incidencias no son universales ni se pueden leer igual en todas partes. Cambian según la historia del grupo, el territorio, la cultura organizacional y el tipo de institución.

Eso vuelve muy valiosa esta mirada, porque evita caer en recetas genéricas.

Cada organización tiene su propia historia.
Cada equipo tiene sus propios patrones.
Cada huella necesita ser leída en contexto.


Lo invisible también informa

Uno de los aportes más sugerentes de Joana tuvo que ver con lo que empezó a aparecer en los primeros pilotos.

Por ejemplo:

  • la autocensura,
  • el miedo a decir lo que realmente se piensa,
  • las respuestas condicionadas por jerarquías,
  • los sesgos de responder “lo correcto” en vez de lo verdadero,
  • y la influencia invisible de estructuras de poder sobre lo que una persona se atreve o no a expresar.

Lo interesante es que nada de eso fue leído como “ruido”.

Al contrario: fueron señales fundamentales del sistema.

La incomodidad, el silencio, la mirada esquiva, la dificultad para hablar… todo eso también entrega información. Y muchas veces es precisamente ahí donde una organización puede empezar a comprender lo que no estaba viendo.

Medir como pretexto para conversar

Isabel Miralles dejó otra idea clave: la medida no es el fin. La medida es el pretexto para conversar.

La Huella puede incluir dimensiones observables, contrastes, polaridades y formas de representación. Pero su valor no está solo en producir datos, sino en ayudar a afinar qué está pasando de fondo.

No se trata únicamente de saber si algo está “bien” o “mal”.
Se trata de comprender qué se mueve por debajo.
Qué duele.
Qué se repite.
Qué está pidiendo ser nombrado.
Qué posibilidades de transformación se abren si nos atrevemos a mirar.

No todo se resuelve con protocolos

Otra reflexión importante del capítulo fue que, aunque los protocolos y las normativas son necesarios, no alcanzan por sí solos.

Hoy sabemos mucho más sobre bienestar, salud laboral, riesgos psicosociales y prevención. Pero también estamos viendo que no hay transformación real si no cambia el fondo de las relaciones.

No basta con normar.
No basta con declarar valores.
No basta con diseñar estructuras más modernas.

Hace falta aprender a mirar la organización como un espacio humano, relacional y vivo.

Y desde ahí, la Huella Colaborativa propone algo profundamente actual: pasar del control y la reacción tardía a una lectura más preventiva, compartida y consciente.

Una herramienta situada, no una etiqueta

También hubo espacio para una pregunta delicada y muy pertinente: el riesgo de que este tipo de enfoque termine responsabilizando individualmente a las personas por problemas que tienen causas estructurales.

La respuesta fue muy clara.

La Huella Colaborativa no está pensada como una herramienta genérica ni como una etiqueta aplicable desde fuera. Su sentido está en construirse desde la historia del grupo, desde el contexto concreto y desde una lectura colectiva de lo que emerge.

Eso no elimina todos los riesgos. Pero sí marca una diferencia importante: no busca culpables, sino comprensión compartida y capacidad preventiva.

Una nueva manera de mirar la transformación

Quizás una de las frases más importantes que dejó la conversación fue esta idea: las organizaciones no se transforman solo con estrategia o estructura, sino con la calidad de las relaciones que las sostienen.

Ahí está el corazón de la Huella Colaborativa.

No como una moda.
No como una fórmula cerrada.
No como una herramienta aislada.

Sino como una nueva lente para observar lo que está pasando de verdad en personas, equipos y organizaciones.

Una lente que permite ver no solo tensiones y silencios, sino también posibilidades, aprendizajes y caminos de transformación.

La pregunta que queda abierta

Al cerrar el capítulo, quedó resonando una pregunta simple, pero muy profunda:

¿Qué huella está dejando hoy tu manera de colaborar?

Tal vez no podamos controlar todo lo que ocurre en una organización.
Pero sí podemos empezar a mirar con más conciencia lo que habilitamos, lo que limitamos, lo que sostenemos y lo que desgastamos en nuestra forma cotidiana de trabajar con otros.

Y quizás ahí empieza una transformación más honesta.

No en el gran cambio declarado.
Sino en la huella concreta que dejamos cada día.

1.12.15

Estilos de gestión organizacional para entender las #jerarquías y la #colaboración (parte 2)


Siguiendo con la primera parte publicada (Estructuras organizacionales para entender las #jerarquías y la #colaboración. Parte 1) a continuación se abordan las jerarquías y colaboración desde el estilo de gestión.


Cuando hablamos de los estilos de gestión nos referimos a la forma en que las personas de la organización formalmente o informalmente se estructuran, establecen roles y dinámicas para desarrollar su trabajo.  



Establecer un estilo de gestión es definir en la práctica la combinación del uso de estructuras organizacionales y roles. Como nos enseña la experiencia, nada es absolutamente negro o blanco, al final las diferentes estructuras conviven con algo de jerárquicas y algo de colaborativas. En algunos casos será más acentuado un estilo más tradicional (jerarquizado) y en otros un estilo más emergente o menos tradicional (colaborativo).


Desde esta esta perspectiva tenemos tres estilos de gestión:


  • Sistema de articulación organizacional jerárquico - Semi-centralizado
  • Sistema de articulación organizacional jerárquico - Semi-descentralizado
  • Sistema de articulación organizacional colaborativo - Semi-distribuido


Estos estilos, son los que se practican en la mayor parte de los casos, ya que como indicamos los sistemas centralizados o descentralizados nunca serán totalmente jerárquicos y tendrán prácticas colaborativas. Como también, los sistemas distribuidos tampoco serán absolutamente colaborativos y tendrán grados de centralización o descentralización jerárquica.  


Sistema de articulación organizacional jerárquico - Semi-centralizado



Este sistema se caracteriza por mantener en su base la figura de relaciones jerárquicas, donde una persona centraliza su conexión con todas las personas o nodos participantes del sistema. Pero a diferencia del modelo clásico “estructura organizacional jerárquica - centralizada”, en este sistema los nodos participantes pueden conectar y conversar entre ellos, aunque siempre existirá el nodo central que decide y termina controlando o regulando los flujos de conversaciones directas como se observa en la figura siguiente:


Sistema de gestión organizacional jerárquico - Semi-centralizada.jpg


Este es el típico caso de estructuras organizacionales pequeñas, que ya están definidas por reglamentos internos (pequeñas empresas PYMES) o legales (Organización Pública del Estado muy específicas). Aquí se designa a un jefe o director y según las características personales y profesionales de la persona designada, habrá un mayor o menor grado de flexibilidad para que el sistema adquiera capacidades colaborativas y las personas trabajen en equipo. En este caso, será el jefe o director quien formalmente autorice todas las decisiones, pero (según su criterio como lo hemos dicho arriba) dará espacio para que esas decisiones o actividades se desarrollen co-creativamente en el equipo, generando proceso de comunicación bi-direccionalmente.


Este sistema necesita de directores o jefes que ejerzan su jerarquía con la convicción de que el trabajo no depende de una sola persona, sino de un equipo que aporte al sistema colaborativamente, teniendo la confianza que las personas podrán trabajar juntas para que el sistema en su conjunto avance. De igual forma se necesita de personas que se identifiquen con los objetivos de la organización y que crean en la colaboración. Es decir, personas que a pesar de las diferencias en la estructura formal (por ejemplo: grado de participación), en la jerarquía (por ejemplo: niveles de toma decisiones) o en los rangos (por ejemplo: rangos de sueldos), estén dispuestas a desarrollar una cultura colaborativa desde la informalidad.


El problema es que este estilo de gestión es muy frágil. En cuanto exista un cambio en el nodo central (jefe o director) o cuando las tareas y metas no se desarrollen según lo esperado, el sistema se verá afectado, volviendo de forma natural a una gestión jerárquica, donde se vuelvan a establecer reglas y procesos de decisión uni-direccionales.


Sistema de articulación organizacional jerárquico - Semi-descentralizado



Las características con sus ventajas y desventajas son muy parecidas a la explicación del sistema “semi-centralizado”.


La diferencia está en que no existe un único nodo que centraliza todas las decisiones y conversaciones, sino que existe una red de nodos descentralizados que permite que los diferentes nodos independientes del nivel de jerarquía se comuniquen entre ellos, estableciendo colaboraciones en un equipo de trabajo o entre equipos de trabajo. Esto ya se explicó anteriormente en la “estructura organizacional jerárquica - descentralizada” y lo podemos observar en la figura:


Sistema de gestión organizacional jerárquico - Semi-descentralizada.jpg


Este es el caso de organizaciones que tienen un importante volumen de trabajo y personas, que necesitan áreas específicas, con equipos de trabajo que se coordinen internamente y también con otras áreas de otros equipos de trabajo. En general se necesitará que tanto el jefe o director general como los jefes de áreas o equipos, estén sensibilizados y desarrollen prácticas internas y externas de trabajo en red colaborativo.


Hemos conocido experiencias de este sistema en medianas y grandes empresas que deciden cambiar su reglamentación interna para pasar a incorporar espacios físicos y metodologías de trabajo colaborativas. De esta manera estas empresas consiguen innovar, gestionar proyectos y la autogestión de equipos específicos, etc., pero sin afectar el organigrama escalonado y de niveles de poder de la organización.   


En el sector público es más difícil encontrar casos de este estilo, ya que implica cambiar la estructura general que está muy reglada. En este sector se encontrarán más bien casos del modelo de equipos específicos (semi-centralizada).


El problema de este estilo de gestión es que necesita una fuerte inversión de tiempo y dinero para conseguir procesos de cambio organizacional. Esto significa diseño-readecuación-ampliación de nuevos espacios físicos, formación-implantación de metodologías para mejorar la gestión de innovación, planificación de proyectos, etc. Además, a largo plazo, este sistema dependerá mucho de que se modifique la cultura organizacional, ya que esta puede quedar a medio camino. Puede ser que los cambios que se consigan  sean más bien cosméticos y no afecten al Sistema de articulación jerárquico. De esta manera este Sistema de articulación aún se establecerá por bloques de poder y decisión, existiendo poca horizontalidad para la planificación y toma de decisiones.


Sistema de articulación organizacional colaborativo - Semi-distribuido



Se caracteriza por mantener en su base la figura de relaciones colaborativas, formada por equipos de trabajo horizontales donde todas las personas se involucran en la planificación y decisiones de la organización. Pero a diferencia del modelo teórico “estructura organizacional colaborativa-distribuida”, en este sistema no todos los nodos están distribuidos al 100%, es decir, no todos están en el día a día conectados con todos para la toma decisiones. Como se observa en la figura, si bien la mayoría participa de la planificación y operación de sus equipos de trabajo, son los líderes quienes representan a los equipos para la gestión del día a día, en base a las planificaciones que todos aprueban vía procesos asamblearios.  


istema de gestión organizacional colaborativo - Semi-distribuido.jpg


Este es el caso de organizaciones que deciden realizar un cambio de raíz. Existen organizaciones privadas y sin fines de lucro de diferentes tamaños que han desarrollado estilos de gestión de este tipo, generando cambios muy positivos y aumentando su capacidad en los negocios, en la autoorganización, etc.


Los casos más emblemáticos se encuentran en el País Vasco (España) a través de NerGroup, donde distintas organizaciones han cambiado sus modelos al del sistema NER (Nuevo Estilo de Relación). A diferencia del modelo anterior semi-descentralizado, de organizaciones que sólo realizan cambios desde los espacios físicos y la incorporación de metodologías colaborativas, en este modelo si se aborda el cambio de las reglas del juego que definen el Sistema de articulación en que las personas participan y en este caso colaboran.


Uno de los problemas que encontramos en este modelo, es que si no existe un constante trabajo de articulación en torno al Sistema de articulación colaborativo, las personas tenderán a volver a las prácticas tradicionales que traen en su ADN educacional. Por eso es importante consolidar la colaboración a nivel del espacio físico, del Sistema de articulación de las personas y de las metodologías o tecnologías sociales que lleven a la práctica las acciones colaborativas. De esta manera se conseguirá intensificar las relaciones sociales, el conocimiento y el valor económico de la organización junto con la cultura colaborativa.

15.11.15

Estructuras organizacionales para entender las #jerarquías y la #colaboración (parte 1)


Existen estructuras que dan cuenta de topologías (centralizadas, descentralizadas y distribuidas) y de geometrías (circularidad, triangularidad o bi-direccionalidad). Unas y otras combinadas dan cuenta de estructuras organizacionales más jerárquicas o más colaborativas.

Estructuras organizacionales jerárquicas. 

Son tipos de estructura organizacional que se conocen como  tradicionales. Los sistemas jerárquicos se representan en la mayor parte de las organizaciones a través de organigramas piramidales. Este tipo de estructuras responde a cadenas de mando centralizadas o descentralizadas y geometrías triangulares aisladas (sin circularidad y unidireccionalidad comunicacional).

En los sistemas jerárquicos pueden existir dos figuras clásicas de estructuras organizacionales dependiendo si las conversaciones son centralizadas o descentralizadas: 

1. Estructura organizacional jerárquica - centralizada:  

Existen cuando el poder y la comunicación se concentra en una sola persona.

Estructura organizacional jerárquica - centralizada.jpg
iconografia centralizado.jpg

Como se observa en la figura, las líneas negras marcan el flujo de conversaciones unidireccional (entre el “nodo circular” central y los “nodos cuadrados” externos) y las líneas grises dibujan la figura de triángulos entre las personas de la organización. Todas las conversaciones y autorizaciones pasan por el mando representado por un “nodo circular” que ejerce su control sobre los “nodos cuadrados”.

Si bien la explicación anterior es conceptual, en general estas realidades existen cuando la persona que centraliza las conversaciones presenta altos grados de ego y basa su gestión en el control y la reglamentación para obtener los resultados planificados y/o deseados por la organización. Son esquemas de gestión muy lineales que obedecen a culturas de trabajo muy tradicionales y basadas en esquemas taylorianos clásicos.

La figura clásica con la cual se representa esta estructura organizacional, es la de un organigrama de primer nivel plano,  donde existe un jefe y después todos cuelgan de esa persona. 
Organigrama de primer nivel plano.jpg
2. Estructura organizacional jerárquica - descentralizada: 

Existe cuando el poder y la comunicación en vez de concentrarse en una sola persona, debido al crecimiento de la organización y sus operaciones, se desconcentra de esa persona para pasar a concentrarse en un grupo limitado de personas. De todas maneras es una sola persona quien sigue dirigiendo los hilos de la organización. 



Estructura organizacional jerárquica - descentralizada.jpg

iconografia descentralizado.jpg

Como se observa en la figura, nuevamente las líneas negras marcan el flujo de conversaciones de mando unidireccional y las líneas grises las formas triangulares que darán forma al clásico organigrama. Aquí todas las conversaciones y autorizaciones pasan también por el mando representado por el “nodo circular”, pero a la vez se necesitan de “nodos rombos” que distribuyan esas órdenes a los “nodos cuadrados” para que sean ejecutadas.

La explicación anterior se acerca mucho a la realidad de las organizaciones tradicionales o clásicas, donde hay un gerente o director general, los gerentes o directores de area (RRHH, Producción u Operaciones, Finanzas y Contabilidad, etc.) y la gestión se realiza normalmente en base al control y reglamentos. La planificación se establece entre el “nodo circular” y los “nodos rombos”, quienes desde una estructura de trabajo tradicional y basada en las teorías de taylor se empeñan en llegar a cumplir los objetivos en base a exigir a los “nodos cuadrados”.

La figura clásica con las cuales se representa esta estructura organizacional, es la de un organigrama de segundo nivel escalonado (triángulos sobre triángulos), donde existe un jefe, subjefes y después personas que dependen de los subjefes.


organigrama de segundo nivel escalonado.jpg


Estructuras organizacionales colaborativas. 

Es otro tipo de estructura organizacional que se basa en la colaboración y distribución de los nodos. Generalmente se dibuja con formas geométricas que configuran procesos conversacionales que circulan y triangulan bidireccionalmente, donde la voz de mando y poder (jerarquías) se diluye dando paso a la autoorganización, liderazgo y articulación colaborativa. Entonces, en las estructuras colaborativas tendremos principalmente una figura de estructura organizacional basada en la distribución de las conversaciones: 

Estructura organizacional colaborativa - distribuida.jpg
iconografia distribuido.jpg
Como se observa en la figura, a diferencia de las estructuras y flujos anteriores, las líneas en negro fluyen en distintas direcciones de forma distribuida (todos los “nodos cuadrados” conversan con todos y existe un “nodo circular” que articula el proceso conversacional). Las líneas grises dibujan círculos, triángulos y líneas bidireccionales entre las comunicaciones dentro de la organización. Todas las conversaciones y decisiones son desarrolladas por todos los nodos y tomadas por consenso por las personas del equipo.

Si bien la explicación anterior es conceptual como las primeras, en general estas realidades  se dan en algunos casos cuando se busca que los equipos de trabajo o la organización desarrolle la auto-organización. El eje central de la gestión será la colaboración. Son esquemas de gestión muy horizontales que tienen culturas de trabajo poco tradicionales y emergentes, basadas en experiencias recientes de gestión en torno al espacio, tecnologías y sistemas de participación colaborativos.

La figura con las cuales se representa esta estructura organizacional es la de un círculo que se conecta entre círculos, donde existe un/a articulador/a del sistema, líderes y personas que conforman equipos de trabajo.


Organigrama circular.jpg

Estructura jerárquica v/s colaborativa. 

No podemos afirmar que una de las dos estructuras descritas arriba sea es mejor o peor que la otra. El tipo de estructura que se utilice depende de las circunstancias, de las personas que forman equipos y de la propia historia de la organización.

En la jerarquía siempre tendremos una persona (centralizada) o grupo reducido de personas (descentralizada) que establezca los criterios y decisiones. Por otro lado tendremos personas que recibirán o que ejecutarán ordenas al final de la cadena jerárquica. En este caso las tensiones y problemas se acumulan principalmente en los nodos que concentran el poder.

En la medida en que el número de personas aumenta en una organización jerárquica, esta se vuelve más burocrática, con canales de comunicación lentos y con barreras o llaves de paso que dificultan que las personas puedan conversar formalmente según en el nivel en el que estén en el organigrama.

En la estructura colaborativa una persona es la que cuida que las conversaciones fluyan entre los equipos para que todos y todas puedan conversar sin barreras. No existen niveles de personas que estén esperando órdenes, al revés todos acuerdan en consenso las tareas y acciones cómo desarrollarlas. En este caso las tensiones y problemas se diluyen y se asumen por el conjunto de personas del equipo.

En la medida que el número de personas aumenta se necesita mayor adaptación y tiempo para que las personas tengan un buen ritmo en torno a la auto-organización.

7.8.15

Entre el cielo y la tierra: la crisis de las estructuras/culturas jerárquicas


Imagen Capilla Sixtina 
Los celestial v/s lo terrenal.

Cuando trabajamos con organizaciones nos encontramos, en particular en las empresas con estructuras matriciales, que el cielo (mundo celestial), es decir donde están los gerentes, directores o altos cargos y sus jefes de área, no conversan ni dialogan con los que están en la tierra (mundo terrenal), es decir con los empleados de bajos cargos y aquellas personas que se relacionan con los clientes finales.

La historia se repite una y otra vez: los que están en la tierra no entienden el porqué de muchas decisiones que les afectan directamente, como cambios en la logística de los lugares de trabajo, nuevas reglas de relación con los clientes para optimizar tiempos y costes, etc. Tampoco reciben razones en torno al porqué de dichas decisiones. Además existe la “queja” generalizada que los del cielo poco saben de la realidad de los clientes. Se agudizan las percepciones de que lo único que importa son los números y no las condiciones laborales ni humanas de los que están en la tierra: los trabajadores de la organización y los clientes.

Por otro lado, los del cielo, aún pensando que ellos son los únicos que tienen la responsabilidad y autoridad para decidir sobre la sostenibilidad de la organización, se fortalecen en competencias de cómo ser mejores líderes, como trabajar de forma más participativa, como relacionarse mejor con los pares, etc.

De igual forma los de abajo reciben formación de cómo optimizar y ser mejores trabajadores, como despertar el intraemprendimiento, el trabajo en equipo, etc.

Lo más usual es que entre los procesos de formación y fortalecimientos de competencias los del cielo y los de la tierra no se crucen. Es decir, es difícil encontrar juntos en una formación a los miembros del cielo en la la tierra y viceversa.

Los del cielo, después de un taller de competencias, proponen series infinitas de proyectos para coordinar e integrar a los de la tierra. Por otro lado, los de la tierra piden mayor coordinación entre jefes, áreas y planes de acción.

Los de la tierra a veces no llegan a reconocer a un solo jefe. Esto se debe en gran parte a los entramados poco claros de flujo de comunicaciones, donde varios mandos envían varias órdenes unidireccionales (a veces contradictorias) a un mismo nodo.


¿Dónde está el purgatorio?

Existe un submundo intermedio entre el cielo celestial y la tierra terrenal. Un mundo de seres humanos trabajadores y ángeles, de personas con autoridad que no están ni en el cielo ni en la tierra, sino en una posición intermedia, sin que tampoco aparezcan claramente en el sistema matricial de la organización.

Son personas que tienen acceso a los seres del cielo, sus conversaciones y hasta pueden afectar el desarrollo de decisiones estratégicas y operativas del cielo que se envían a la tierra. Y por otro lado, saben lo que pasa en la tierra, bajan como guardianes del cielo para escuchar y confesar a los fieles terrenales y darles ánimo de que sus peticiones serán consideradas por los de arriba.

Estas personas viven en el purgatorio, a mitad de camino entre lo celestial y terrenal. No pueden salir de su espacio de sobrevivencia, ya que nos los quieren muy arriba, pero tampoco muy abajo. Los del cielo prefieren dejarlos donde están, es decir entre la mitad de nada, ya que son seres que amortiguan el sistema y sus crisis, colocando bálsamo a quien lo necesite.

Tampoco arriesgan mucho más, ya que para eso están en el purgatorio, no les interesa subir a lo celestial y tampoco bajar a lo terrenal, su mundo es cómodo, no se queman por ningún lado, son felices y se aseguran en ese espacio de funciones.

¿Qué pasa con el infierno?

Hay otro tipo de persona, que son reconocidas como poco o nada funcionales por los de arriba y son poco aceptadas por los de la tierra. Estas personas son las que se van al infierno, es decir salen de la organización.

En general estas personas tienen historias de todo tipo, las sufridas y las victimarias, no hay punto medio. Son quienes que por una u otra razón dejan de ser importantes para la organización. A  veces porque cometieron graves errores y otras porque fueron el fusible o la parte mas delgada de la cuerda que se cortó. En el infierno viven personas que estuvieron en el cielo o la tierra. Los menos son los del purgatorio (que en su posición cómoda difícilmente se queman con alguien).

¿Podría existir algún cambio?

Ningún cambio puede ser a medias. ¿Qué significa esto? Muchas organizaciones prometen ser más colaborativas, escuchar a los del cielo y la tierra de manera conjunta, etc. pero la verdad es que los egos, el poder, etc. no dejan que los cambios emerjan o se desarrollen.

Algunos del cielo prefieren por convicciones no bajar a la tierra, otros si se atreven a ser semidioses en territorio terrenal, algunos se dignan a llamar a la puerta del purgatorio.

También a los de la tierra nos les interesa mucho que los de sus mismo bando o los del cielo los vengan a molestar, ya que se han adaptado y están en el confort de sus puestos de trabajo.

En el sentido más práctico necesitamos revoluciones innovadoras para cambiar el escenario anterior. Esa revolución abarca básicamente tres grandes ejes en torno a la colaboración:

  • El espacio (físico y virtual).
  • Los participantes o personas.
  • Las tecnologías sociales o metodologías (presenciales o virtuales). 


15.6.13

Conversación 4x4x4, para interactuar y conocer a lxs demás



Es sábado y traemos una nueva tecnología social para compartir: ritual 4x4x4

El ritual 4x4x4 refleja una de las formas básicas de organización a partir de roles y jerarquías, el triángulo.

La dinámica consiste en generar una conversación entre lxs participantes que deben organizarse en grupos de tres y denominarse cada cual por una letra A, B y C. Una vez elegido quien será A, B y C, A se presentará y contará a B y C lo experimentado en la actividad que se haya realizado previamente o hablará en relación a una pregunta que formule el facilitador en el momento. Durante los primeros cuatro minutos, A hablará, B por su parte, escuchará y explorará a partir de preguntas el relato de A y C se encargará de anotar todo lo que surja de la conversación. Finalizados los cuatro minutos, se rotan los roles: A toma nota, B habla y C escucha e indaga; por último A escucha y explora, B toma nota y C habla. 

Para concluir la actividad se realiza un círculo de observación y cosecha para compartir entre todxs lo experimentado con la actividad. Asimismo, el facilitador aprovechará para explicar a lxs participantes la importancia de la figura del triángulo en la conformación de las estructuras sociales. 

La idea es conocer y experimentar distintas dinámicas de interacción como mecanismo para comunicarnos con lxs demás. 

Te animamos a que pongas en práctica este útil ejercicio para promover espacios de diálogo, escucha activa y reflexión. Si te interesa saber más sobre ésta y muchas otras herramientas más te invitamos a que conozcas el Manual de Tecnologías Sociales de tejeRedes. 


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