14.6.17

¿Sabemos colaborar? Por Cristián Figueroa


*Artículo de Cristián Figueroa

(Publicación Inspirada en los planteamientos del Libro: SAPIENS, DE ANIMALES A DIOSES : Autor YUVAL NOAH HARARI, 2015).

Hoy estamos sobrevendidos con la colaboración y sobreabundan los conceptos asociados a la palabra: economía colaborativa, equipos colaborativos, trabajo colaborativo, espacios colaborativos, etc. Pareciera que la llegada de internet, el uso intensivo de las tecnologías y otras realidades actuales, están cambiando las prácticas del individualismo a la colaboración. Pero, qué tan real es este cambio o qué tan preparados estamos para colaborar.


En nuestro ADN más histórico y ancestral, traemos la capacidad de colaborar, de compartir, de ser capaces de gestionar modos de vida que implica ir acompañados, esperar a los que van más lento, inspirarnos en quienes trabajan por un propósito común. La capacidad e identidad de colaborar se forja en el ser humano cuando necesitamos de otros y otras para vivir o a veces sobrevivir.


Pero hubo un momento en la historia de la evolución del ser humano, donde también en nuestro ADN se forjó y esculpió el individualismo. Aparecieron las religiones y las jerarquías junto a la agricultura. Pasar de ser recolectores a fundar territorios (aldeas, pueblos y ciudades) cambió drásticamente las costumbres del ser humano. Los granos y los animales domesticados fueron los primeros indicios del ser humano materialista, centralista, abocado a tener una mejor calidad de vida a cuesta de explotar los recursos que tenía a su alrededor.


La expresión más explosiva del fenómeno individualista llega con la revolución industrial y con las bases del capitalismo. El sistema tayloreano empezó a basar las relaciones de trabajo en torno al control y a los premios perversos de competitividad (incentivos) y, por otro  lado, se favoreció el consumismo por sobre las materias primas transformadas. Aquello, transformó la sinergia en un circuito sin salida. De esta forma, llegamos hoy a una crisis que afectan a diversas áreas sensibles de la humanidad: medio ambiente, económica social, etc.
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Ante este escenario, emergen personas y organizaciones que buscan una salida a la crisis, escudriñando en los orígenes de nuestro ADN una solución a la pérdida de los valores esenciales del ser humano. Es en este punto donde nos encontramos. La tecnología con base en la colaboración emerge como un fenómeno de lo colectivo. Nos referimos a los modelos basados en el compartir, el trueque, la circularidad en la producción de bienes, etc. Pero también asoman los modelos bajo los cuales nos organizamos y gestionamos los seres humanos. Será este último punto donde nos detendremos, ya que puede ser el punto de inflexión para regresar a nuestro ADN nómada y colaborativo.


Se dice, que el ser humano mientras fue nómada fue más inteligente, emprendedor y astuto, que las generaciones actuales (donde casi todo está dado). El ser humano nómada tuvo que aprender a comer, relacionarse, inventar medios para sobrevivir. Hoy el ser humano tiene en la mayor parte de los casos resuelto estos temas. Lo interesante, es que ninguno de los aprendizajes iniciales del ser humano nómada, los realizó de forma individual. Al contrario, los llevó a cabo con otros pares, ya que sobrevivir -enfrentarse al desafío de alimentarse o reproducirse- no los podía realizar solo.


Entonces ¿Qué nos pasa en nuestra sociedad actual que todo pareciera tan difícil, si lo básico ya lo tenemos resuelto? ¿Por qué nos empeñamos en estirar el elástico de la vida si la naturaleza ya nos dio lo esencial?

Hoy son tiempos complejos. Hay más de siete mil millones de habitantes que alimentar, millares de enfermedades, miles de culturas que compaginar. Pero cómo podemos avanzar sin tener que recurrir a las jerarquías, a los líderes impuestos o a la propia mecánica desenfrenada del mercado.


Existe un secreto escondido en cada ser humano. Algunos ya lo descubrieron mucho tiempo atrás, otros están en la búsqueda y otros tantos aún necesitan que alguien se los muestre. Ese eslabón medio conocido y medio perdido es la colaboración, algo intrínseco a nuestra biología, que se conecta con nuestros parientes más lejanos y con nuestra capacidad de estar en red o articulados.

Te queremos invitar a descubrir la forma en que podemos hacer de la colaboración nuestra aliada, desentrañar los mitos de la propia capacidad social de los seres humanos para generar bienestar y desarrollar modelos de gestión organizacional basados en el conjunto para llegar más lejos.

2 comentarios:

#Jerby dijo...

Uno de los problemas actuales de la colaboración es encontrar o elaborar el 'común' de un grupo u organización. Con la sobreinformación no es tan sencillo tener claro qué es aquello que nos une.

cristian figueroa llambias dijo...

Gracias #jerby muy importante lo que indicas

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