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20.10.16

Esther Camacho: multiplicadora a toda hora (@BcnFreeflow)

Esther Camacho, multiplicador tejeRedes


Desde Latinoamérica a Europa, conoce la historia e ideas de nuestra multiplicadora en Barcelona.


Fanática de las series de Netflix –espera ansiosa la nueva temporada de Game of Thrones-, bailar y la cultura en todas sus formas. Así es Esther Camacho, una de las multiplicadoras de la metodología de tejeRedes.

Hace 19 años dejó México, su país natal, para embarcarse en una nueva aventura al otro lado del océano, en Barcelona.

En esta ciudad costera fue donde por casi 2 décadas siguió un camino tradicional, desarrollándose profesionalmente en departamentos de Marketing de grandes empresas multinacionales. 

Y se podría decir que todo le había resultado perfecto: tuvo varias personas a su cargo y estabilidad económica. Sin embargo, no se sentía feliz. “Todo lo que me habían prometido acerca del éxito yo ya lo había tenido. Pero no me sentía realizada, estaba como desconectada del mundo. Cuando al final dejé la empresa en la que trabajaba, me quedé prácticamente sin nadie con quien hablar, y eso fue muy revelador para mí”, cuenta mientras se toma un café.

“Todo lo que me habían prometido acerca del éxito yo ya lo había tenido. Pero no me sentía realizada”

Fue entonces cuando decidió hacer un cambio en su vida. Volvió a la universidad a estudiar un Máster en Gestión Cultural y empezó a buscar qué hacer, dándose cuenta que lo suyo era hacer proyectos colaborativos. En este contexto, y ya habiendo creado su consultora Artticco (concepto creado a partir de las palabras Arte, Tecnologías de Información y el “Co” de colaborar, cooperar y co-construir), llegó por casualidad a su primer Circo tejeRedes. “Cuando terminé la formación hablé con Cristián Figueroa (fundador de tejeRedes) y desde ahí empezó mi formación como multiplicadora”, relata Esther.

En su trabajo con clientes, Esther aplica diariamente la metodología y sus tecnologías sociales: “La más práctica para mi es la tecnología del círculo con el tótem ¡Esto sirve para todo! Ahora bien, como dinámica de visualización de la colaboración, creo que el ejercicio de los triángulos es totalmente revelador para ver si aceptas o no a la gente y cómo se vive esto en las organizaciones”.

“La colaboración sin conexión es prácticamente imposible”

Pero aunque está convencida de sus beneficios, también es realista. “Es imposible generar un cambio en todas las organizaciones, pero sí que creo que en la mayoría vamos dejando una semilla”, asegura.

Además, desde su visión, cree que la transformación que más cuesta tiene que ver con la separación de la vida privada con la profesional: “Estamos tan acostumbrados a segmentar la vida laboral de la personal, que la gente realmente piensa que son dos. Con esta idea, casi nadie se toma el tiempo de conectar con sus compañeros de trabajo. Y la colaboración sin conexión es prácticamente imposible”.

Por eso es que Esther recomienda al 100% convertirse en multiplicadores a quienes les interesa cambiar el sistema de gestión tradicional. “Es una experiencia fantástica. La oportunidad que tienes de tocar las vidas de personas que pasan alrededor tuyo y compartir esta libertad compartida es valiosísimo”.

¿Te interesa contactar o conocer un poco más a Esther Camacho? Puedes seguirla en su cuenta de Twitter o Linkedin!

Te invitamos a descargar el libro y manuales tejeRedes e inscribirte en la escuela tejeRedes
 




18.10.16

Bienvenida primavera: el brote en la comunidad

Brote de la comunidad: tejeRedes



Tal como las estaciones del año, las comunidades colaborativas viven ciclos que van cumpliendo etapas en su evolución.


Al igual que la naturaleza, las comunidades colaborativas viven procesos orgánicos que marcan estaciones o etapas en su evolución. 

Si lo equiparamos a un jardín, en el ecosistema colaborativo podemos encontrar un hábitat o ecosistema con animales, árboles y todo tipo de seres vivos; aromas, colores y un jardinero que va articular algunos de los procesos que ahí ocurren. 

“En el jardín las estaciones permiten que el ecosistema se renueve” Extracto del libro tejeRedes. 

Si seguimos con este ejemplo, las personas constituirían parte del primer grupo. Y a ellos se suma el jardinero, que corresponde al articulador o persona que teje en pos de la colaboración en el sistema. 

Es que tal como te explicamos en nuestro post sobre qué es la cultura colaborativa, no debemos olvidar que las personas y su calidad de vida son el centro de todo en este tipo de gestión. 

Las estaciones 



El invierno, primavera, verano y otoño sirven como analogía para los ciclos de evolución de una comunidad en relación a su objetivo central. 

Y ocurre lo mismo que pasaría si un jardinero quisiera plantar algún tipo de planta fuera de temporada: si la comunidad no respeta los ciclos, se generan crisis. 

Por ello, es imprescindible respetar los periodos de lluvias, brote, abundancia y descanso. 

La primavera 


Una vez haya pasado el invierno, estación en la que las personas de un equipo o comunidad se exponen al agua y viento para limpiar energías, es hora de fomentar los espacios de aprendizaje en relación al pasado y la escucha activa. 

Este periodo viene acompañado de innovación y creatividad dentro del grupo de personas que formar parte del ecosistema, por lo que es el momento ideal para potenciar el propósito o razón de ser central de la comunidad, abarcando todos los ideales y valores que la mueven. 

¿En qué se traduce todo esto? 


Con la dinámica generada en este ciclo, la comunidad o equipo de trabajo logra una mayor cercanía y una mejor comunicación tanto a nivel interno como en relación a personas externas que interactúan con ella, como podrían ser por ejemplo los clientes o proveedores. 

Pasará algún tiempo hasta que, inevitablemente, nos adentremos en el verano, donde será la abundancia la palabra clave. 

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16.10.16

Ekin, a la vanguardia de la cultura colaborativa

tejeRedes habla con Oskar Brañano sobre la experiencia de colaboración en Ekin.

Conoce la historia de una empresa que se abrió hace 8 años a la colaboración y que hoy se lanza al mundo desde la transparencia y la horizontalidad.


Oskar Barañano se define como líder de un equipo. Lo hace desde su experiencia, participando en la transformación que vivió en Ekin, empresa en la que trabaja en Amorebieta, en el País Vasco. Cuenta que, en el 2008, eran 110 personas y que el foco de mercado de su proyecto (compañía) estaba en las ventas de sus productos principalmente en Europa. “En el 2016, somos 380 personas en el mundo y estamos en 3 continentes”, especifica. 

Oskar atribuye el crecimiento de su organización a la decisión -tomada a través de una asamblea con todos los colaboradores de Ekin- de lanzarse en la aventura de promover una estructura más horizontal y colaborativa. “Había una inquietud. Una gran mayoría de las personas del proyecto no estaba de acuerdo con nuestro sistema de gestión tradicional. Éramos 110 personas, y las decisiones se tomaban en un grupo más reducido de personas y el resto tenía la información necesaria, pero no más que eso”, relata. 

Por ello, EKIN acudió a Koldo Saratxaga, y su equipo de K2K. Tras una asamblea, de todas las personas de EKIN, se decidió por amplia mayoría (más de un 80%) iniciar la implantación del nuevo estilo de relaciones. Ellos, K2K propusieron e impulsaron desde el 2008 un cambio en la organización a través de NER o Nuevo Estilo de Relaciones. 

Las claves que aprendieron a través del NER son: más transparencia, trabajo en equipo, toma de decisiones compartidas, énfasis en compartir información, abolir las jefaturas y potenciar liderazgos. Y con esos focos, dieron forma a esta nueva forma de promover la gestión: “Hoy, nuestro trabajo es muy laborioso, pero también mucho más participativo. Parece como que se fuera todo el día hablando y explicando cómo van las actividades por todo el mundo, pero (ahora) todos saben qué está pasando”. 

Oskar participa en el Seminario Internacional organizado por tejeRedes en Santiago, Chile. En el lugar, compartirá con otros emprendedores, representantes de organizaciones y personas interesadas en fomentar la gestión colaborativa dentro de sus entornos de trabajo. 

“Me gustaría que la personas crean que esta idea de gestión se puede llevar a cabo. Quiero animar a las personas a que lo aplique en sus organizaciones, porque realmente considero que es una opción muy buena y no es comparable con una empresa tradicional” en muchos aspectos, explica desde el País Vasco, donde reside. “Estamos implementando una cultura en donde la rentabilidad se logra con otras formas de ganar y repartir la cosecha (el beneficio) de manera más equitativa, y teniendo en consideración los temas sociales y medioambientales que nos rodean".


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